El precio de la cobardía

Canarias ha vuelto al primer plano de la actualidad informativa. La arribada masiva y persistente de migrantes a nuestras costas, superior a las 17.000 personas en lo que va de año, ha terminado por focalizar la atención de todos los medios escritos y audiovisuales. Durante las últimas semanas, la crisis migratoria se ha situado entre las noticias más destacadas de los telediarios, informativos de radio y portadas de prensa, con un añadido muy elocuente: el desbordamiento del Gobierno de España ante esta situación.

Después de meses de tirarse la pelota de un ministerio a otro, entre los cinco que se dicen competentes en el asunto, no termina de vislumbrarse una sola medida que permita albergar alguna esperanza de cambio. De nada ha servido el llamamiento desesperado de las instituciones isleñas, más allá de las visitas puntuales de algunos ministros, con vagos anuncios de parches más que de medidas reales. Canarias se parece cada vez más a Lesbos: un gran campamento de concentración de migrantes con los que el Gobierno de España no sabe qué hacer. De vergüenza.

Lo peor del caso es que esta situación viene a solaparse con el agravamiento de las secuelas sociales y económicas que nos deja ya la crisis del coronavirus. La parálisis del sector turístico, que aglutina más de un tercio del Producto Interior Bruto insular, con el arrastre añadido en otras muchas actividades, sobresale entre sus efectos más notables. Pero hay más. Tal y como ha advertido el Comité Europeo de las Regiones, una crisis social sin precedentes se cierne sobre las Islas, con una masiva destrucción de puestos de trabajo que podría acabar con más del 40% del empleo.

Sin embargo, igual que sucede con la crisis migratoria, el Gobierno de Pedro Sánchez hace oídos sordos. Mira hacia otro lado. Canarias no figura entre sus preocupaciones. El PSOE y sus socios de Unidas Podemos están en otras cosas, como sus componendas con ERC y Bildu, traducidas en concesiones para Cataluña y País Vasco. El color de los avisos de la tormenta que se cierne sobre el archipiélago está a punto de pasar del naranja al rojo, pero en Madrid no se inmutan.

Por más que nuestra diputada Ana Oramas se desgañite en sus intervenciones en las Cortes, advirtiendo de lo que se nos viene encima, el aislamiento de Canarias se agudiza. Y la mejor prueba de ello es la inadmisión de las enmiendas presentadas por la parlamentaria de Coalición Canaria al proyecto de Presupuestos Generales del Estado, todas ellas más que justificadas, por el mero hecho de evitar el pronunciamiento de los diputados canarios del PSOE y Unidas Podemos. Una actitud bochornosa e impropia de quienes se dicen representantes del pueblo canario.

Tal muestra de cobardía, como justamente calificó Ana Oramas esta posición de los parlamentarios de dichas fuerzas políticas, debiera ser tenida muy en cuenta por el común de nuestra población. Porque esa conducta sumisa y de exclusiva obediencia a sus respectivos partidos evidencia la necesidad de contar en Madrid con una amplia representación de diputados que pongan a Canarias por encima de todo. Máxime en los tiempos que nos toca afrontar, ante un panorama de hambre y miseria. Basta con mirar el trato diferente con Cataluña y País Vasco. Que cada cual saque sus conclusiones.  

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30.11.2020    /    0  comentarios    /