Paciencia, patrañas y sectarismo

La paciencia tiene un límite. Sabemos que nos ha tocado lidiar con un momento difícil como ningún otro. Nadie nos avisó de que íbamos a padecer una crisis como la presente. Ha tocado arremangarnos, echarle valor y trabajar para salir de esta. Es lo que toca, la prioridad, sin tiempo que perder. Debiera ocuparnos a todos, trabajando, mano con mano, en apoyo a los más desfavorecidos y en pro de la recuperación económica.

Sin embargo, llega un día en el que te hartas de verte sometido al continuo “pim, pam, pum” de quien confunde el ejercicio de la oposición con la refriega permanente, como es el caso de la socialista Patricia Hernández. El tiempo ha demostrado sus enormes carencias en principios básicos de la política, como capacidad de diálogo, voluntad de conciliación, manejo de la mesura, tendencia a la empatía… Nada de eso distingue a la ex alcaldesa, que, por el contrario, nunca ha disimulado su tendencia al desencuentro y la confrontación, dentro y fuera de su partido. Y así le ha ido y le va.

Lejos de preocuparme sus maneras –tiene todo el derecho a definir su estilo propio–, lo que sí me indigna de Hernández es su propensión a las inexactitudes, cuando no a las falsedades, cada vez que se refiere al Gobierno municipal y a Coalición Canaria. A falta de argumentos veraces para enjuiciar nuestra labor, tiende de manera permanente al embrollo y la patraña, tanto en medios como en redes. Sobre todo en éstas, donde chapotea con frecuencia.

Basta con releer sus manifestaciones contra la atención del Ayuntamiento a las pymes y autónomos del municipio en medio de la crisis, tratando de menospreciar cualquiera de las políticas que venimos aplicando a favor del comercio, la hostelería, la restauración, el ocio o la cultura. Medidas que hemos adoptado de manera consensuada, en contacto permanente con las organizaciones empresariales.

Acciones cifradas en casi un millar de ayudas directas a comerciantes. O los 9.000 Bonos Consumo vendidos hasta ahora, en colaboración con FAUCA, con una inversión aproximada de 375.000 euros y 800.000 euros de beneficios para el sector. O la bonificación del 50% de la tasa de basura, para mejorar la economía local, defender el tejido productivo y mantener el empleo. O la concesión de “terrazas express”, dando respuesta a los niveles 2 y 3 de la pandemia, que mantendremos en vigor mientras persistan las restricciones sanitarias.

Medidas todas, entre otras muchas, que contrastan con la ineficacia en la que se desenvolvió el gobierno de Patricia Hernández durante los primeros meses de la crisis del coronavirus. Aquel infausto periodo que transcurrió entre la incapacidad y la ocurrencia, haciendo oídos sordos a todas las propuestas que le trasladamos desde Coalición Canaria, en una actitud de mano tendida que ahora no se ha visto correspondida –como era de suponer– desde la bancada socialista. Todo lo contrario.

Lo peor del caso es que la inacción que distinguió el periodo de gobierno (mejor, desgobierno) del PSOE en el Consistorio santacrucero, con el apoyo de la concejala Zambudio y la colaboración necesaria de Unidas Podemos, encuentra su espejo en el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife. Si nos fijamos en la corporación insular, nos topamos con la peor gestión en décadas, sustentada en el sectarismo y la falta de liderazgo.

¿Un ejemplo? El desplome de la inversión pública en la Isla, que en el primer cuatrimestre del año no alcanza ni el 6% de lo presupuestado. ¿Otro? El abandono del Marco Estratégico de Desarrollo Insular (MEDI), dejando de invertir en los municipios, desde el año 2019, hasta 214 millones de euros. Todo ello, con más de 155.000 personas sin empleo y acogidas a un ERTE y el sector turístico, nuestro principal motor económico, pendiente de arrancar. Una vergüenza.

Lo apuntaba al principio y lo reitero ahora: no nos vamos a callar. Tanto en la defensa de nuestra labor de gobierno, frente a ataques infundados y falsedades, como en la denuncia de la ineficacia y el partidismo de quienes gestionan las administraciones autonómica e insular. Santa Cruz no puede consentir el menosprecio de esos gobernantes por diferencia de colores políticos. ¡Ya está bien!

Política al servicio del municipio

Corren tiempos difíciles. Desde el momento en que estalló la crisis del coronavirus, hace ya catorce meses, nada ha sido igual. Todo ha cambiado, en cualquier ámbito. El medio y largo plazo ha desaparecido de la visión colectiva. Más que nunca, vivimos al día, sin atrevernos a hacer planes con perspectiva. “Ya veremos”, decimos con frecuencia, en cuanto alguien trata de ir más allá.

La vocación por el ejercicio político nos exige huir de este cuadro. Obligados a trabajar en alternativas que ayuden a salir de esta situación, sobre todo por sus efectos socioeconómicos, nuestra actitud ha de ser otra. Y así lo hemos constatado esta semana, durante la asamblea en la que renovamos el Comité Local de Coalición Canaria en Santa Cruz de Tenerife.

Tomando el relevo de José Manuel Bermúdez, quien ha trabajado con denuedo al frente de este organismo durante los últimos 16 años, el nuevo equipo que me honro en encabezar tiene claro su compromiso: contribuir a la salida de la crisis desde la unidad, la ilusión y el empeño. Conscientes de que solo el esfuerzo colectivo nos permitirá superar la adversidad, siempre que nos apliquemos con la misma responsabilidad que lo ha hecho nuestro antecesor.

Además de agradecer la confianza obtenida por el grueso de la asamblea, debo resaltar también el consenso alcanzado entre todos sus miembros. Para ello resulta clave la pluralidad de opiniones y la representatividad territorial, con la presencia de compañeros y compañeras de los cinco distritos de Santa Cruz, teniendo en cuenta a más de 80 pueblos, barrios y caseríos del municipio.

Tenemos mucha tarea por delante y no perderemos ni un solo minuto de nuestro tiempo en peleítas partidistas, de cara a la galería. La responsabilidad de nuestra organización al frente del gobierno municipal obliga trabajar con ahínco para superar esta coyuntura adversa, por mucho que sepamos que la pésima gestión de los gobiernos de España y de Canarias, igual que del Cabido, complica las cosas en el ámbito local.

Para ello partimos de un planteamiento que obliga a la cercanía con las vecinas y vecinos de Santa Cruz en la gestión de políticas que ayuden a impulsar la recuperación; la firmeza en la exigencia de respuestas por parte de las citadas administraciones y la  eficacia en la interlocución, directa y permanente, con las organizaciones vecinales, sociales y económicas.

Coalición Canaria es una organización solvente en el conocimiento de la realidad municipal, arraigada en todos sus pueblos y barrios y fiable para encarar alternativas que ayuden a resolver las necesidades de los santacruceros. De aquellas familias que peor lo están pasando, como consecuencia del crecimiento del paro; de oenegés que lo están dando todo; de pymes y autónomos que aguantan la situación como héroes…

Mucha es la tarea por delante y poco el tiempo. Se requiere concreción en los objetivos y dedicación plena, al lado de nuestra gente. Contacto y escucha permanente con la ciudadanía y el tejido social, con perspectiva de futuro, regresando a la senda de progreso que distinguió a la ciudad y que llevó a que el pueblo de Santa Cruz reafirmase su confianza en Coalición Canaria en las últimas elecciones locales. 

Tejido cultural y carnavales

Más de ocho millones de euros destina el Ayuntamiento a ayudas sociales. Es la respuesta ante las dificultades que sufren muchas familias de Santa Cruz, como consecuencia de la crisis del coronavirus. Vecinos y vecinas que requieren apoyo para la compra de alimentos, el pago del alquiler o el abono de servicios básicos como la luz y el agua. Personas a las que no vamos a dejar en la estacada.

Tal nivel de protección no es algo coyuntural. Ya el pasado año, según recoge el portal estatal Presupuestos Municipales, el de nuestra ciudad fue el cuarto de España y el primero de Canarias en gastos para servicio y promoción social, entre las de más de 200.000 habitantes. Tan solo Barcelona, Bilbao y Madrid superan en este capítulo a Santa Cruz.

Con ser importante esta respuesta, no podemos quedarnos ahí. Aunque la creación de empleo no sea una competencia de los ayuntamientos, tampoco podemos cruzarnos de brazos. Como era de temer, el crecimiento del paro se ha disparado y nos aproximamos a las 30.000 personas sin empleo. En paralelo, aumentan las dificultades de muchísimos pequeños empresarios y autónomos para mantener la actividad.

En tanto los gobiernos de Canarias y de España siguen sin ponerse las pilas, ¿qué podemos hacer en esta situación desde un ayuntamiento? Desde luego, cualquier cosa menos esperar a que escampe la tormenta. Por ejemplo, como acabamos de hacer, con el impulso de una iniciativa como los “Bonos Consumo”, dotados con 375.000 euros y llamados a favorecer el comercio de proximidad.

Pero hay más. Sin ir más lejos, con todas las actividades emprendidas con motivo del Carnaval. Esa celebración virtual que estamos afrontado en estas semanas, en colaboración con los colectivos que hacen grandes nuestras Fiestas. Porque, más allá de lo testimonial, en tanto podamos volver a celebrarlo en la calle, su hábitat natural, estamos generando economía. Sobre todo, en el sector de la cultura.

Si no, que se lo pregunten a diseñadores, músicos, cantantes, bailarines, humoristas, actores, maquilladores, regidores, técnicos de iluminación y sonido, productoras… Profesionales y empresas de un tejido cultural que durante los últimos meses han visto decaer su actividad y con ello, sus recursos familiares. Personas que valoran y entienden la decisión adoptada por el Ayuntamiento como un estímulo de la economía.

Igual que deberían entenderlo quienes, solo un año atrás, mostraron su incapacidad e irresponsabilidad en la organización del Carnaval. Esos que ahora, sirviéndose de la demagogia, tratan de desprestigiar una manera de hacer que incluso emulan compañeros de su mismo partido en otros consistorios.

Así que la fórmula está clara: todo el apoyo social para quienes sufren la crisis de manera directa y todas las medidas que sean posibles para dinamizar la económica. Para evitar el cierre de empresas y la destrucción de empleo.

El Carnaval redobla su orgullo

Santa Cruz se apresta a vivir un Carnaval diferente. Prácticamente como todo lo que nos viene sucediendo desde hace diez meses. La aparición del coronavirus, tan inesperado como aciago, no nos deja otra que apretar los dientes y encarar la situación con esperanza y determinación. Lejos de cruzarnos de brazos, toca tirar de la imaginación y aplicarnos en la realización de todo aquello que sea posible y contribuya al bienestar colectivo.

Con la decisión de suspender las fiestas como manifestación popular (callejera, bulliciosa, tolerante, desenfrenada…), entendimos que había que encontrar, al mismo tiempo, una alternativa. Una manera de mantener la ilusión y el orgullo que supone el Carnaval para cualquier chicharrero, al tiempo que dejábamos abierta la puerta al instante en que sea posible su recuperación plena. Que llegará.

De la mano de las agrupaciones, ese colectivo numeroso que aglutina a más de 7.000 vecinos de Santa Cruz, nos pusimos manos a la obra. Decidimos armar una celebración que, sin dejar de atender todas las normas sanitarias para mantener a raya el coronavirus, nos permitiera decirle al mundo que nuestro Carnaval no para, sigue vivo.

La respuesta la tenemos en forma de una programación alternativa, convertida en homenaje a la historia de esta manifestación popular, con un enfoque virtual y un componente de apego. Entre todos vamos a conseguir que esta cita diferente sirva para renovar el orgullo de Santa Cruz de Tenerife por su Carnaval de siempre. El de nuestros abuelos, el de nuestros padres, el que se transmite de generación en generación. A los ojos de todo el mundo. El Carnaval de la esperanza.

Con todo, somos conscientes de que la suspensión conlleva un golpe -otro más- a la economía local. Por estudios realizados en los últimos, sabemos que el impacto económico del Carnaval ronda los 35 millones de euros. De ahí que en el Ayuntamiento también nos hayamos propuesto estar preparados para que, en cuanto sea posible, la dinamización callejera sirva de impulso a cuantos sectores se ven ahora perjudicados.

De acuerdo con el compromiso alcanzado con las gentes del Carnaval, todo el talento artístico, musical y creativo de nuestros diseñadores y agrupaciones queda a disposición de Santa Cruz para cuando llegue ese instante. Si algo ha caracterizado a Santa Cruz en los últimos años ha sido el dinamismo en sus calles y plazas, con un sinfín de citas para todos los públicos. Y esa naturaleza la vamos a recuperar más pronto que tarde, también de la mano de nuestro espíritu carnavalero.

El tiempo apremia, presidente

Dice el presidente de Canarias que su Gobierno está haciendo “todos los números pertinentes” para definir un paquete de ayudas para el comercio, la hostelería y la restauración, especialmente golpeados por las restricciones aplicadas para atajar los efectos del coronavirus. El anuncio de Ángel Víctor Torres surge apenas 24 horas después de que el alcalde Bermúdez exigiera el rescate del sector por parte del Ejecutivo autonómico, consciente de la agonía que invade a muchas pymes y autónomos del municipio, de Tenerife y del Archipiélago.

Hay que tener en cuenta que estas limitaciones, implantadas desde el pasado 19 de diciembre y mantenidas al menos durante una semana más, han venido a coincidir con el instante en que se concentra buena parte de su facturación anual. No es de extrañar, por lo tanto, el anuncio hecho desde organizaciones del sector: o se arbitran ayudas urgentes –o ese plan de rescate demandado por el alcalde de Santa Cruz– o nos vamos al cierre del 40 por ciento de las 5.100 empresas existentes en Tenerife, que dan trabajo a 33.000 personas.    

Si de algo adolece la respuesta de Torres es de celeridad en cuanto a su concreción. No cabe escudarse en que ha estado a la espera de que el Gobierno de España definiera su ayuda a este mismo sector, evitando así duplicidades. No nos vale. Por cierto, un Decreto-ley tan tardío como frustrante, que en modo alguno satisface al sector, porque obvia la concesión de ayudas directas, como ha ocurrido en países como Alemania, y no responde a las verdaderas necesidades de estas empresas.

Aunque el presidente canario admite que el paquete de medidas en las islas va contemplar, entre otras, esas ansiadas ayudas directas, habrá que ver si su materialización llega a tiempo, antes de que empiecen a cerrarse los negocios. Porque los días apremian. Lo sabemos bien en Santa Cruz, donde el Ayuntamiento fue la primera administración que acudió al auxilio de pymes y autónomos, mediante la concesión de subvenciones, la aplicación de bonificaciones fiscales y el diseño de medidas específicas para facilitar el desarrollo de la actividad empresarial.

Por eso mismo, cuando Torres apela a la “corresponsabilidad” y que otras administraciones echen una mano, en función de sus competencias y posibilidades, podemos asegurar que en Santa Cruz vamos por delante.

Pero cada día que pasa sin que se arbitren esa ayudas o ese rescate es una vuelta de tuerca en forma de angustia para empresarios y trabajadores.

Haga los números que tenga que hacer, presidente, pero hágalo con prontitud. Aléjese de los cantos de sirena emitidos desde La Moncloa, respecto a un pronto rebote económico vía vacunas, y aplíquese en lo inmediato. En lo de hoy. Con decisión y sin rodeos.

Voces contra la condena a Canarias

Tres minutos de alocución desde el estrado del Congreso han bastado a Ana Oramas para fotografiar la situación en la que se halla Canarias. Tres minutos sin necesidad de levantar la voz ni insultar a nadie. Tres minutos para acabar pidiéndole al presidente Sánchez que se reúna con las autoridades de las Islas para abordar un problema que es ya una cuestión de Estado.

Porque, si no, cómo cabe entender la situación de un territorio donde más de la mitad de su población activa está en el paro o en un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE). Donde más del 62 por ciento de los jóvenes no tiene trabajo y la caída del Producto Interior Bruto (PIB) alcanza el 36 por ciento en términos anuales.

Todo ello solo a fecha de hoy. Porque de mantenerse esta deriva, como es de temer, las perspectivas son aún peores. En la agricultura, en la construcción, en el turismo… Por las consecuencias de la crisis sanitaria y por el maltrato al que nos somete el Gobierno de Sánchez (con el apoyo de Podemos), sacando de los Presupuestos del Estado convenios como los de Costas, infraestructuras Educativas y Turísticas, Obras Hidráulicas o Carreteras. Cabe entender así que todas las empresas que optaban a la obra pública preparan ya declaraciones concursales.

En la Cámara Alta, dos minutos de su intervención desde la tribuna del Senado fueron suficientes para que Fernando Clavijo expresara lo que Canarias le importa al Ejecutivo de Sánchez (con la muleta de Podemos), que es tanto como decir nada. “Da igual el Estatuto de Autonomía, da igual los compromisos que se firme, porque van a hacer lo que les da la gana”, sentenció el senador de Coalición Canaria, recordando que ese es el precio de la factura para que Sánchez siga durmiendo en La Moncloa, quitándole el dinero a los canarios para dárselo a otras autonomías.

Por más que suene a perrera infantil, en la clásica disputa entre partidos de gobierno y oposición, lo que se está haciendo con Canarias es muy grave. El Gobierno de España sigue sin reparar en la trascendencia de lo que se nos viene encima. Volcado en la concesión de dádivas a quienes les sostienen en el poder y enfrascado en sus refriegas dentro del Consejo de Ministros, al Ejecutivo estatal las Islas le pillan lejos. Basta con ver cómo ningunea al Gobierno de Canarias, por más que esté integrado por compañeros de sus mismas fuerzas políticas.

Sin el cumplimiento de los compromisos suscritos, sobre la base del Estatuto de Autonomía y el Régimen Económico y Fiscal. Sin un plan específico de rescate del turismo, similar a los que se va a hacer en la España peninsular con otros sectores económicos, Canarias se va al garete. O Sánchez se aplica en un verdadero rescate económico y social de Canarias, o que se prepare para evaluar los efectos del estallido que sufrirán estas Islas, en forma de hambre, abandono y miseria. 

Frente al silencio cómplice de los diputados y senadores isleños pertenecientes a las fuerzas que integran su Gobierno, las voces de Ana Oramas y Fernando Clavijo han vuelto a alzarse en Madrid. Alto y claro, desde la dignidad que representa la defensa de nuestros intereses, se han opuesto de plano a la condena que pende contra el pueblo canario. Es de justicia.

El precio de la cobardía

Canarias ha vuelto al primer plano de la actualidad informativa. La arribada masiva y persistente de migrantes a nuestras costas, superior a las 17.000 personas en lo que va de año, ha terminado por focalizar la atención de todos los medios escritos y audiovisuales. Durante las últimas semanas, la crisis migratoria se ha situado entre las noticias más destacadas de los telediarios, informativos de radio y portadas de prensa, con un añadido muy elocuente: el desbordamiento del Gobierno de España ante esta situación.

Después de meses de tirarse la pelota de un ministerio a otro, entre los cinco que se dicen competentes en el asunto, no termina de vislumbrarse una sola medida que permita albergar alguna esperanza de cambio. De nada ha servido el llamamiento desesperado de las instituciones isleñas, más allá de las visitas puntuales de algunos ministros, con vagos anuncios de parches más que de medidas reales. Canarias se parece cada vez más a Lesbos: un gran campamento de concentración de migrantes con los que el Gobierno de España no sabe qué hacer. De vergüenza.

Lo peor del caso es que esta situación viene a solaparse con el agravamiento de las secuelas sociales y económicas que nos deja ya la crisis del coronavirus. La parálisis del sector turístico, que aglutina más de un tercio del Producto Interior Bruto insular, con el arrastre añadido en otras muchas actividades, sobresale entre sus efectos más notables. Pero hay más. Tal y como ha advertido el Comité Europeo de las Regiones, una crisis social sin precedentes se cierne sobre las Islas, con una masiva destrucción de puestos de trabajo que podría acabar con más del 40% del empleo.

Sin embargo, igual que sucede con la crisis migratoria, el Gobierno de Pedro Sánchez hace oídos sordos. Mira hacia otro lado. Canarias no figura entre sus preocupaciones. El PSOE y sus socios de Unidas Podemos están en otras cosas, como sus componendas con ERC y Bildu, traducidas en concesiones para Cataluña y País Vasco. El color de los avisos de la tormenta que se cierne sobre el archipiélago está a punto de pasar del naranja al rojo, pero en Madrid no se inmutan.

Por más que nuestra diputada Ana Oramas se desgañite en sus intervenciones en las Cortes, advirtiendo de lo que se nos viene encima, el aislamiento de Canarias se agudiza. Y la mejor prueba de ello es la inadmisión de las enmiendas presentadas por la parlamentaria de Coalición Canaria al proyecto de Presupuestos Generales del Estado, todas ellas más que justificadas, por el mero hecho de evitar el pronunciamiento de los diputados canarios del PSOE y Unidas Podemos. Una actitud bochornosa e impropia de quienes se dicen representantes del pueblo canario.

Tal muestra de cobardía, como justamente calificó Ana Oramas esta posición de los parlamentarios de dichas fuerzas políticas, debiera ser tenida muy en cuenta por el común de nuestra población. Porque esa conducta sumisa y de exclusiva obediencia a sus respectivos partidos evidencia la necesidad de contar en Madrid con una amplia representación de diputados que pongan a Canarias por encima de todo. Máxime en los tiempos que nos toca afrontar, ante un panorama de hambre y miseria. Basta con mirar el trato diferente con Cataluña y País Vasco. Que cada cual saque sus conclusiones.  

Santa Cruz, el mejor regalo

Me llega un mensaje a través de uno de los diversos grupos de wasaps que tengo en mi teléfono. Tiene que ver con las compras de Navidad y Reyes. Empieza diciendo: “En lugar de aumentar los beneficios de plataformas online podríamos pedir a los Reyes Magos que nos trajesen los regalos de los comercios locales que puede que estén en riesgo de desaparecer”.

Continúa con una serie de ejemplos: “Librerías, restaurantes, peluquería, artesanos, pequeños comercios de ropa, cualquier cosa que interese, una cena en el restaurante de tu calle, un corte de pelo en la peluquería del barrio, ese detalle único de un artesano local…”. Y concluye: “Sería un doble regalo, pues a ellos les daríamos la posibilidad de seguir abiertos el año que viene”.

La reflexión cala entre buena parte de los amigos del grupo. Se multiplican los emoticonos de aprobación, aunque ahora queda por delante aplicarse en el empeño. Programar las compras, salir a la calle y elegir entre los muchos establecimientos de ese tipo, lo mismo que de otras muchas actividades, que tenemos a nuestro alrededor. Negocios que nos son familiares, en nuestro barrio o en otros de la ciudad, donde hallamos también a muchas personas conocidas. Hombres y mujeres que, en muchos casos, hasta forman parte de nuestras vidas. Algunos, desde nuestra infancia.

La iniciativa coincide con una campaña puesta en marcha por el Ayuntamiento, a través de la Sociedad de Desarrollo: “Las ventajas de regalar Navidad con el comercio local”. Una acción diseñada desde una decidida cooperación con pymes y autónomos de Santa Cruz, parte importante del tejido productivo de nuestro municipio, que pondera cualidades de siempre: trato personalizado, amabilidad y cercanía con el cliente, a las que se añaden otras, incorporadas en los últimos tiempos, como la posibilidad de conectar con ellos a través de internet o la entrega a domicilio.

Leo unas declaraciones de un líder empresarial, representante de este mismo sector: “A los autónomos y empresarios hay que mimarlos porque son la solución, no el problema”. En el Consistorio de nuestra capital lo tenemos claro. De hecho, acabamos de poner en marcha la Mesa para la Recuperación Social y Económica de Santa Cruz, donde se sientan representantes de todos los sectores, para diseñar un plan consensuado, con medidas concretas a acometer durante los próximos meses.

Un primer diagnóstico sobre las secuelas de la crisis del coronavirus en esta ciudad no dejan lugar a dudas en cuanto a su virulencia: la pérdida de 4.000 empleos y el cierre de 500 empresas. De ahí el llamamiento ante lo más inmediato, teniendo en cuenta el peso del comercio, la hostelería, la restauración y el ocio en la economía local. Santa Cruz cuenta con 14 zonas comerciales, diseminadas por todo el municipio, donde podemos ver satisfecha cualquier necesidad que nos surja.

Frenar la caída del empleo y los negocios que nos rodean también está en nuestras manos. De lo contrario, casi sin darnos cuenta, estaremos contribuyendo a la bajada de persianas, el vaciado de escaparates y el apagón de sus luminosos. Saquemos el orgullo que llevamos dentro, hagamos un ejercicio de chicharrerismo y salgamos en su auxilio. Solidarios con Santa Cruz.   

¿Alguien pedirá perdón por el daño al Carnaval y a Santa Cruz?

Hay una izquierda a la que le encanta darse baños de notoriedad convocando a los medios de comunicación, sobre todo gráficos, a las puertas de los juzgados y mentando dos palabras: Fiscalía Anticorrupción. Saben sus intérpretes que el magnetismo de la acción les reporta retratos y titulares en la prensa, igual que abundancia de minutos de espacios televisivos y radiofónicos, a base de proyectar oscuras sombras de ilegalidad sobre las cabezas de sus pretendidas presas políticas.

Vestidos de pretenciosos adalides del decoro, lo de menos es el fundamento de sus denuncias, por más que sepan de antemano que el plato contiene poca chicha. Basta con que tome cuerpo de suflé y se mantenga hinchado durante un periodo determinado. El tiempo suficiente para ensuciar la imagen del adversario, en tanto se dirime la verdadera sustancia de su denuncia. Qué más da, si en política vale todo, justifican para sus adentros.  

Por desgracia, el Ayuntamiento de nuestra ciudad reúne entre sus concejales algunos exponentes de ese tipo de político de izquierda, con cuyo manto se siente revestido de una presunta superioridad moral. Es el caso de Ramón Trujillo, portavoz del grupo Unidas Podemos, que en octubre de hace ahora un año se lanzó a poner en práctica este ejercicio ante la sede de los Juzgados de la capital tinerfeña.

Por entonces, desde el gobierno socialista de Patricia Hernández se filtraba a medios informaciones sesgadas sobre la supuesta turbidez en la contratación de Juan Luis Guerra para el Carnaval de 2019. Unos y otros, los gobernantes y sus cooperadores necesarios, competían por obtener el mayor rédito mediático posible. Ruido, maledicencias, canalladas… Todo valía con tal de deslucir el rotundo éxito alcanzado con aquel concierto, dentro de un Carnaval inolvidable, bajo el gobierno de Coalición Canaria. Miserias de la política.

Aunque la contratación tuvo el visto bueno de todos los estamentos administrativos, incluida la Intervención de Fondos, desde nuestro grupo municipal se solicitó a la alcaldesa que abriese un expediente reservado de carácter interno para aclarar del todo esta situación, precisamente porque éramos y siempre hemos sido los primeros interesados. Sin embargo, resultaba evidente que el objetivo de Hernández, Trujillo y sus palmeros era otro. Se trataba de zaherir al adversario sin reparar en las formas. Con elementos del viejo manual de esa cierta izquierda tan rancia como trasnochada que solo dispone de bronca política como única e insolvente estrategia.

Transcurrido un año desde entonces, la Fiscalía Provincial ha decidido el archivo de las diligencias preliminares de investigación abiertas tras la denuncia. Analizada toda la documentación administrativa remitida por el Ayuntamiento, el ministerio público concluye en afirmar que los hechos no tienen relevancia penal alguna. Ni prevaricación ni malversación de caudales públicos. El suflé de Ramón Trujillo acabó por desinflarse. Un nuevo borrón en su expediente político, igual que en el de Hernández, a quien sirvió desinteresadamente (o no) durante su aciago paso por la Alcaldía.

De ninguno de ellos esperemos reparaciones en el honor de las personas a las que trataron de ultrajar. Se requiere de una altura moral a la que no llegan ni de puntillas. Pero cabe preguntarse: ¿Y ahora qué? Después de tanto daño a tanta gente, como a la concejala y al personal de Fiestas, extensible al conjunto del Carnaval y de una ciudad que vio cómo se trató de manchar su prestigio más allá de nuestras fronteras, ¿alguien va a pedir disculpas? ¿Alguien va a presentar su dimisión?

Me temo que pedir perdón, excusarse o presentar la dimisión es un ejercicio de humildad y valentía política que ya han demostrado que son incapaces de afrontar.

La fortaleza del Carnaval

La suspensión del Carnaval 2021 ha sido una decisión tan dolorosa como responsable. Lo primero, sabedores de lo que significa esta celebración popular para el común de la ciudadanía santacrucera; para el alma chicharrera. Lo segundo, conscientes de que a día de hoy no existen condiciones para continuar su compleja organización, a solo cuatro meses de la fiesta, igual que para su desarrollo efectivo en las calles de la ciudad.

La pandemia del coronavirus remonta el vuelo, con una segunda ola que obliga a recrudecer las cautelas, y nadie se atreve a precisar cuándo dispondremos de la ansiada vacuna que ayude a disfrutar de una verdadera desescalada. En este estado de cosas, resulta imposible imaginarse la próxima celebración de una cita que basa su éxito en la explosión popular en la calle. Y sin esa esencia, no hay Carnaval posible.

Antes del anuncio oficial de la suspensión, quisimos valorar la decisión con una amplia representación de las agrupaciones y los diseñadores del Carnaval. Qué menos, teniendo en cuenta su carácter motor para la organización y desarrollo de nuestra fiesta más internacional. Un amplísimo colectivo de hombres y mujeres de la ciudad, cifrado en más de 5.000 personas, que conforman el mayor movimiento asociativo de Santa Cruz. Su opinión fue prácticamente unánime, en el sentido de pasar la hoja del calendario y emplazarnos para la cita de 2022.

De la misma manera se ha pronunciado una amplia mayoría de la opinión pública, una vez dada a conocer la decisión municipal. Por más que todos nos reconozcamos muy noveleros  a la hora de rendirnos ante nuestra Carnaval, que no solo es el mejor –inigualable– sino también el más seguro de cuantos se celebran en el mundo.  Y esta última máxima, la que tiene que ver con la certidumbre, no es posible garantizarla en febrero próximo.

Sabemos, por otro lado, que la suspensión acarrea consecuencias económicas. Basta con recordar que el Carnaval puede mover, en una sola edición, más de 30 millones de euros. De ahí que hayamos adquirido el compromiso de trabajar en el diseño de actividades de dinamización socioeconómica, alrededor del eje carnavalero, cuya realización sea posible desde el instante en que sean otras las condiciones sanitarias. Con apoyo de las agrupaciones y plenas garantías para la seguridad de todos.

Por ejemplo, ¿quién nos impide tematizar un Plenilunio –o más de uno– con formas y hábitos propios de nuestra fiesta más genuina? Sin la amenaza de la COVID-19, lo tendremos todo para desquitarnos, celebrar la vuelta a la normalidad y contribuir a la reconstrucción económica pospandemia. Como un elemento sobresaliente entre los que queremos impulsar, junto a todos los agentes sociales, económicos y políticos, en la Mesa por la Recuperación que acaba de crear el alcalde de la ciudad.

No obstante, como también anunciamos, vamos aprovechar las fechas en las que tocaría celebrar este próximo Carnaval para realizar una acción divulgativa. Conocedores de la extraordinaria proyección nacional e internacional que tiene esta festividad, queremos recordarle al mundo su enorme vitalidad, propia del pueblo chicharrero, emplazándole a que vengan a acompañarnos en la siguiente.