Sin tiempo que perder

Decía Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, que “si el tiempo es lo más valioso, la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches”. Conscientes de que no hay tiempo que perder, en Santa Cruz no paramos. La gestión municipal obliga a centrarse en lo prioritario, que no es otra cosa que la recuperación de la ciudad después de los peores instantes de la pandemia. O lo que es lo mismo, poner las bases para que la economía tire del empleo y crezca la renta familiar.

Varias acciones recientes, propiciadas desde el Ayuntamiento, pueden servirnos para entender esta manera de hacer las cosas. Una forma de hacer diferente a la de otras administraciones, tan ancladas en los anuncios como inoperantes en su gestión de gobierno.

¿Qué cómo lo hacemos? Por ejemplo, reduciendo la presión fiscal, que, como ha dicho el alcalde, José Manuel Bermúdez, sitúa a Santa Cruz como la capital canaria con menos impuestos y una de las que tiene una fiscalidad más baja en todo el territorio español. Así, más de 91.500 familias verán rebajado un 10,5% el recibo de la basura, mientras que otras 925 en situación de vulnerabilidad quedan libre del pago. Además, se exonera también a más de 12.000 pymes y autónomos con negocios con una superficie menor a los 1.000 metros cuadrados.

La disminución de ingresos que sufrirá la hacienda municipal, unos 2,8 millones de euros, se verá compensada con el incremento (un 0,6%) del tipo del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) que han de abonar los grandes propietarios, sobre todo las administraciones y las entidades financieras.

Otra de las iniciativas puestas en marcha tiene que ver con la activación de un plan de choque en materia turística. Desde el presente mes y hasta final de año, Santa Cruz inyectará más de medio millón de euros para la realización de acciones que favorezcan la llegada de visitantes. En concreto, en colaboración con la Asociación Hotelera y Extrahotelera de Tenerife, nos marcamos el objetivo de captar a dos millones de turistas, con lo que ello supone para el conjunto de la economía local.

El éxito obtenido con el lanzamiento la pasada primavera de los Bonos Consumo, junto a la Federación de Áreas Urbanas de Canarias (Fauca), nos lleva, asimismo, a su renovación en el próximo ejercicio. Más de 12.000 personas se valieron de esta medida para consumir en establecimientos comerciales y de restauración de Santa Cruz, lo que dejó en la ciudad un montante superior a los 800.000 euros.

En todos los casos, hablamos de políticas surgidas del diálogo permanente con los sectores económicos de nuestra capital, sabedores de que la cooperación con el empresariado local es la mejor manera de fortalecer el empleo y salir de la crisis. Se trata de actuar con paso firme, sin titubeos ni ocurrencias, que fue lo que desgraciadamente distinguió al PSOE en su nefasto año de gobierno en Santa Cruz. Cuánto tiempo perdido.

Solo la determinación, desarrollando una agenda de trabajo diseñada con el tejido social y empresarial, hará posible que recuperemos la senda de prosperidad que distinguía al municipio antes del frenazo que supuso la crisis sanitaria del COVID. Estamos tirando de la economía insular, como reflejan distintos indicadores, pese al vacío que sufrimos desde administraciones gobernadas por otras fuerzas políticas.

Pero el tiempo -que todo lo sabe- pondrá a cada uno en su lugar.

Falta de respeto a nuestros mayores

Paco y Mercedes son vecinos de Santa Cruz, residentes en La Salud. Originarios de dos municipios del interior, aquí se casaron y tuvieron descendencia. Como tantos, trabajaron de sol a sol para sacar adelante a sus cuatro hijos, quienes con el tiempo les dieron nueve nietos. Hoy en día, aquella descendencia se ha visto ampliada con dos bisnietos, que de algún modo compensa las ausencias de dos hijos que tuvieron que emigrar fuera de España, durante la crisis de 2008.

Con el paso de los años, la vejez ha hecho mella en esta pareja de octogenarios. A Paco se le acentúan sus cardiopatías, en tanto que Mercedes sufre un trastorno mental. Incapaces de valerse por sí mismos, necesitan cuidados continuados y las pensiones que perciben resultan del todo insuficientes, sin que sus hijos tampoco puedan hacerse cargo. La crisis derivada de la pandemia empeora la situación, con dos de ellos en paro.

El cuadro descrito se repite en muchísimas familias. Seguro que cualquiera que lea estas líneas sabe a lo que nos referimos. Igual que le suena de algo el estado del bienestar tantas veces preconizado, en este caso mediante herramientas como la dependencia, cuya adecuada prestación es un derecho reconocido en Canarias, hace 14 años, a través de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia. Otra cosa es la forma y el tiempo en que se materializa.

Aunque el asunto trae cola, una noticia reciente lo ha devuelto al primer plano de la actualidad: Ocho dependientes mueren cada día en Canarias sin esta prestación, según los datos del Ministerio de Derechos Sociales. Así, de las 1.753 personas dependientes que fallecieron en las Islas entre enero y julio pasado, 551 ya tenían reconocido tal derecho a prestación, sin haberse materializado, mientras que otras 1.202 aún esperaban a que el Gobierno de Canarias resolvieran sobre el grado de dependencia.

Cuando los hijos de Paco y Mercedes leyeron esta noticia, ellos que todavía aguardan la evaluación de sus padres, vieron oscurecerse aún más el panorama que tienen por delante desde que iniciaron los trámites para obtener la prestación.

Pero la pesadumbre se convirtió en indignación cuando comenzaron a leer y escuchar reacciones, desde todos los sectores (políticos, sindicales, profesionales…). En especial, de quienes tienen la responsabilidad de corregir esta situación, desde el Gobierno de Canarias. De aquellos que disponen de los recursos para enmendar este desastre, por cualquier vía: presupuestaria, organizativa, normativa y política.

Las últimas noticias van todavía más allá: el atasco en la gestión impide que casi tres de cada diez personas con la ayuda reconocida la estén percibiendo, con una administración que tarda dos años y medio en realizar las valoraciones y los programas individuales de atención de los solicitantes, muchos de ellos con más de 80 años. Como Paco y Mercedes.

Lo peor es que, dos años después de la llegada al Gobierno del autodenominado “Pacto de las Flores”, los responsables de Derechos Sociales continúan donde estaban. O sea, como si no fuera con ellos. Con esa verborrea tan manida como maniquea, propia del rancio populismo de izquierdas. Y de nada vale que por encima de la consejera del ramo tengamos a un presidente, el socialista Ángel Victor Torres, responsable último de la gestión, que se muestra incapaz de actuar como lo hiciera en otras áreas en crisis, como sucedió con Sanidad y Educación. Parece que le puede el miedo a perder su sillón.

Tampoco es que nos coja de nuevos. La insensibilidad del PSOE con nuestros mayores, en connivencia con otras fuerzas como Unidas Podemos, también ha quedado patente en el ámbito insular. Recuérdese si no la cacicada que supuso eliminar un programa de éxito como Ansina, plenamente reconocido por nuestra población. Por vecinos como Paco y Mercedes, cuando todavía podían disfrutar de actividades de dinamización.

Qué falta de respeto. Menudo panorama.

Empleo, turismo y charcos

Santa Cruz sigue creando empleo. La tendencia, que venimos apreciando desde febrero pasado, quedó patente en julio, cuando nuestro municipio participó de forma nítida en el alza experimentado en el conjunto del país. Se trata, qué duda cabe, de un elemento alentador, por lo que supone de acicate para muchas familias, que encuentran un alivio en su economía particular, después de un largo periodo de pesadumbre.

Con todo, seguimos lejos de las cifras que teníamos en julio de 2019, cuando el número de personas inscritas en el Servicio Canario de Empleo se cifraba en 21.420; esto es, 3.858 menos que en la actualidad. Y debemos tener presente que los datos de la Covid-19 están ahí, con una alta incertidumbre desde el punto de vista sanitario y lo que esto supone para la economía y el mercado laboral.

Desde el Ayuntamiento no cejamos en el empeño. Durante el último año, a partir del cambio del Gobierno municipal, venimos articulando acciones tendentes a incentivar la contratación y la generación de empleo, con un apoyo decidido a quien único puede hacerlo posible: el empresariado local y los autónomos. Por eso nos desespera la parsimonia del Gobierno de Canarias –igual que la incapacidad del Cabildo– en la puesta en marcha de iniciativas similares.

No hay que perder de vista que en Santa Cruz se firma cada mes una tercera parte de los contratos de trabajo generados en todo de Tenerife, lo que supone en torno a 9.000 expedientes mensuales. Con una menor dependencia del turismo que otros municipios, disfrutamos de una realidad comercial y laboral de capitalidad pujante, que tenemos que consolidar con el tiempo, con la vuelta a la normalidad. Todo sea por recuperar el empleo y la renta familiar.

En el Consistorio tenemos clara la agenda: políticas activas de empleo, dinamización comercial, con una apuesta clara por el impulso del emprendimiento, y atracción de turismo. La reactivación progresiva de los flujos de visitantes va a hacerse notar en Santa Cruz. Recuérdese que la excursión a esta ciudad es la segunda más demandada por quienes se alojan en la isla, después del Teide, y que nuestro puerto es el tercero de España en cruceros, con un movimiento anual de 800.000 turistas, aproximadamente. Su impacto económico resulta trascendental.

A poco que seamos capaces de combinar esta actividad con otras alternativas, siempre que vayamos alcanzando la tan deseada inmunidad de grupo, progresaremos en la línea deseada. Estoy convencido de ello. Pero necesitamos que las medidas arbitradas por otras administraciones sean tan generosas como certeras, acorde con el instante que vivimos.

No puede ser, por ejemplo, que el Cabildo de Tenerife, a estas alturas de año, solo haya ejecutado el 9,09% del presupuesto destinado al comercio. Su pasividad y falta de compromiso contrasta con la mayor movilización de recursos hecha por nuestro Ayuntamiento, en toda su historia, a favor del comercio y la restauración, un sector que concentra en Santa Cruz el 34% de su empleo en la isla.

Sucede igual con el planteamiento de medidas desenfocadas, al albur de la coyuntura presente, como la que anuncia el Gobierno de Canarias para turistificar más de un centenar de los charcos de marea existentes en nuestro litoral. La respuesta en ámbitos conservacionistas, vinculados con el mundo de la biodiversidad, ha sido inmediata y unánime, a la hora de advertir sobre los importantes riesgos para nuestros ecosistemas.

En definitiva, la diligencia, la destreza y el desprendimiento tienen que presidir la toma de decisiones, aunque sin caer en la precipitación. Nos jugamos la recuperación social y económica.

Diversificación económica real: salidas para la recuperación

Reducir los contagios e incrementar la vacunación en favor de la inmunidad de grupo son los dos grandes objetivos del momento. Por la salud y por la economía. Quince meses después de que estallara la crisis del coronavirus, nos jugamos el arranque de la recuperación. Y todo parece indicar que no será hasta el último trimestre de este año, a expensas del turismo, principal sector de actividad de las islas.

Santa Cruz no es ajeno a esta situación. En los años previos, el municipio recibía anualmente en torno a 2,3 millones de visitantes, entre alojados, excursionistas y cruceristas, que dejaban más de 100 millones de euros en la economía local. De ahí la apuesta decidida por consolidar a Santa Cruz como capital turística de una isla turística, defendida por José Manuel Bermúdez desde su llegada a la Alcaldía, en 2011.

Una apuesta sustentada en reforzar sus atractivos con la recuperación del litoral (enlace Puerto-Ciudad, playa de Valleseco, Parque Marítimo, Palmetum…), la apertura de la Casa del Carnaval y la comercialización turística de nuestra gran fiesta, la captación de congresos, la rehabilitación del patrimonio histórico o iniciativas vinculadas con la declaración de Anaga como Reserva de la Biosfera.

Todo ello tuvo además una especial significación en sectores como el comercio o los servicios, sobre todo en la hostelería y la restauración, con un reflejo claro en el empleo, tal y como pudimos advertir en los años de mayor bonanza económica. Se entiende así que, por el contrario, esta crisis haya generado un agujero de 65 millones de euros en la economía santacrucera, con un reflejo claro en el desempleo.

De ahí que hoy trabajemos, de la mano del sector, en el desarrollo de tres líneas que fortalezcan el atractivo turístico de Santa Cruz: la alojativa, los cruceros y las excursiones de quienes pernoctan en el Sur o el Norte de la isla. Para participar en ese arranque de la recuperación de la mano del turismo, a poco que se den las condiciones adecuadas.

No obstante, tenemos que estar atentos a nuevas oportunidades. Porque la diversificación es posible, siempre que el Gobierno de Canarias sea capaz de hacer valer ante el Estado nuestro Estatuto de Autonomía y el Régimen Económica y Fiscal (REF). Para no quedarnos atrás respecto a otros territorios y gozar de las mismas oportunidades.

Tenemos un ejemplo en el campo de los videojuegos, la mayor industria de entretenimiento del planeta, que vive un crecimiento exponencial en todo el mundo y que solo el pasado año facturó 147.000 millones de euros. Desde luego, un negocio que hace tiempo que dejó de ser solo cosa de niños. Un negocio del que no es ajeno la industria española, que tuvo en 2020 una facturación agregada por encima de los 1.100 millones, con un incremento del 20% respecto al ejercicio anterior.

La presentación de un evento como “Canarias Game Show”, cuya celebración en Santa Cruz de Tenerife tendrá lugar a comienzos de diciembre, nos ha permitido conocer los progresos de iniciativas de emprendedores isleños. Es el caso de la Factoría de Innovación, que abrió sus puertas en nuestra capital hace cuatro años y hoy es la escuela de artes digitales de referencia en Canarias, o de otras surgidas en el campo del desarrollo de proyectos, como Drakhar Studio, con avances importantes en cuanto a creación de empleo y generación de riqueza.

Santa Cruz tiene la oportunidad de participar de lleno en el desarrollo de este sector, que solo en España dispone de 655 estudios en activo, empleando a 7.320 profesionales. Desde el Ayuntamiento estamos decididos a incrementar la apuesta efectuada –por entonces con el apoyo del Cabido–, conscientes de lo que supone para quienes desean formarse y trabajar, o incluso invertir, en un sector en continuo crecimiento y que potencia la diversificación.

Para que nadie se quede atrás

El 13 de julio de 2020, hace ahora un año, Santa Cruz inició el camino de la recuperación. Liderados por José Manuel Bermúdez, vencedor de las últimas elecciones en nuestro municipio, 14 concejales de Coalición Canaria, Partido Popular y Ciudadanos salimos al rescate de un consistorio muy tocado por la involución, tras 12 meses de desgobierno de la socialista Patricia Hernández.

Con lealtad y entrega, estamos logrando contrarrestar aquella situación, que se vio agravada por los efectos de la crisis del coronavirus. Sin duda alguna, la experiencia no resulta nada sencilla, porque son muchas las necesidades y flaquean los medios. Sobre todo por la insensibilidad del Gobierno de Pedro Sánchez, que ha dejado tirados y sin recursos a los ayuntamientos, las administraciones que más cerca tiene el ciudadano. La primera puerta a la que tocan cuando necesitan auxilio.

No obstante, por encima de esa situación, en Santa Cruz hemos tenido claro que la prioridad son las personas, los vecinos y vecinas que peor lo están pasando por el cierre de negocios y la destrucción de empleo. De ahí que tratemos de volcarnos, con una labor asistencial capaz de acompañarles en estos instantes complicados. Al menos, hasta que empiece a repuntar el ciclo económico.

De esta manera, en menos de un año se han concedido más de 60.000 ayudas de asistencia social –lo que se conoce como PEAS–, en servicios básicos como el suministro de agua, la alimentación o el alquiler de inmuebles. Ello supone una inversión por encima de los 8 millones de euros, sostenida en el tiempo, tanto por el crecimiento del presupuesto del área, de un 8 por ciento, como por el reciente añadido de casi dos millones más a los 21 previstos para este año.

Pretendemos así que nadie se queda sin ayudas, en ningún barrio de Santa Cruz. O que las personas mayores, que lo han pasado muy mal durante los peores meses de la pandemia, recuperen aquellas actividades que hacían más grato su día a día. Una oferta de servicios que se vino abajo con el cierre del programa Ansina, a cargo del Cabildo, y que ahora tratamos de suplir en el municipio con el impulso de SC+Vital.

Del mismo modo, tuvimos claro desde el primer minuto que había que arropar al Tercer Sector, todos esos colectivos ciudadanos, sin ánimo de lucro, que desarrollan iniciativas sociales en ámbitos diversos. Entidades como el Banco de Alimentos, por citar un ejemplo, con el que Santa Cruz ha decidido volcarse en una situación adversa como la presente, invirtiendo más de 70.000 euros. O con diferentes oenegés, añadiendo ocho nuevas viviendas al parque de pisos de acogida.

Al hablar de la nueva política social desarrollada por el Ayuntamiento, también cabe referirse al fomento de la rehabilitación de la vivienda pública, con la inversión de 18 millones de euros en más de un millar de inmuebles. Retomamos así una de las señas de identidad en el anterior gobierno de José Manuel Bermúdez, fomentando además el empleo en el sector de la construcción, uno de los más golpeados por la crisis.

En definitiva, se trata de evitar que nadie se quede atrás en este municipio. Que en condiciones difíciles como estas, las familias de Santa Cruz con más necesidades sientan la cercanía de su Ayuntamiento. Una administración pública donde seguiremos trabajando, igual que en el último año, para propiciar la actividad económica de empresas y autónomos y favorecer el mantenimiento y la creación de empleo.

Un atropello de película

El rodaje en Santa Cruz de Tenerife de la quinta entrega de “Bourne”, hace ya seis años, dejó un recuerdo imborrable en la memoria de muchos vecinos. Sobre todo, de aquellos que residen en lugares donde transcurrieron las escenas más espectaculares. Aquellas frenéticas persecuciones, con coches, motos, mucha pirotecnia… O de quienes tuvieron la posibilidad de coincidir, en algún rincón de la ciudad, con famosos como Matt Damon.

Además, hay que recordar que la grabación –el mayor rodaje que ha tenido lugar en una ciudad española– dejó en Tenerife unos 10 millones de euros, 1.200 contratos con particulares y negocios o más de 14.000 pernoctaciones en hoteles, entre otros efectos económicos.

Lejos de tratarse de un hecho aislado, aunque su magnitud fue realmente extraordinaria, nuestro territorio se ha ido consolidando como un auténtico plató para la industria audiovisual, favorecido en buena medida por los incentivos del Régimen Económico y Fiscal (REF) de Canarias. De hecho, la isla batió en 2019 todos sus récords en la materia, al albergar 151 rodajes, lo que supuso una inyección de 20 millones de euros para la economía local.

Incluso el pasado año, marcado por la pandemia y el confinamiento, la actividad permitió dejar unos ingresos de 13,2 millones de euros para el destino, contabilizándose hasta 76 producciones audiovisuales y más de una decena en ejecución.

En el caso de Santa Cruz, hablamos de 45 rodajes a lo largo de 2020, con un impacto en la ciudad por encima de los 20 millones de euros. Escenas de series y largometrajes, documentales, programas televisivos, anuncios publicitarios… Una gama diversa de producciones que contribuye a la promoción económica y la generación de empleo.

Consciente de su relevancia, el Ayuntamiento puso en marcha hace diez años, en el seno de la Sociedad de Desarrollo, la Santa Cruz Film Office, con el fin de facilitar la realización de rodajes y actuar como nexo entre las administraciones y las productoras. Es más, hoy trabajamos en la modificación de las ordenanzas referidas a esta actividad, a fin de agilizar los permisos para rodar en espacios públicos. Porque somos conscientes de que buena parte del éxito recae en la cooperación público-privada.

Por todo ello, inquietan –y mucho– las noticias llegadas desde Madrid sobre la reducción del diferencial con la Península de las ayudas fiscales al cine. Un auténtico hachazo del Gobierno de España contra las producciones cinematográficas en Canarias, que no solo supone un grave perjuicio para el sector en las Islas sino también un ataque frontal a los fueros canarios. Un incumplimiento flagrante de nuestro REF.

Se entiende así la postura de Coalición Canaria, desde el minuto uno, frente a la pasividad del autodenominado “Pacto de las Flores”, incapaz de entender que nuestros derechos no se negocian, como pretende hacer el presidente del Gobierno canario, el socialista Torres. Nuestros derechos se exigen y se hacen respetar.

Porque si no, de no subsanarse este atropello, Canarias perderá buena parte de los incentivos que facilitan la captación de empresas interesadas en rodar en el Archipiélago. Con la que está cayendo, sin hallar todavía la luz que nos ayude a salir del túnel de la crisis, no estamos para bromas.

Paciencia, patrañas y sectarismo

La paciencia tiene un límite. Sabemos que nos ha tocado lidiar con un momento difícil como ningún otro. Nadie nos avisó de que íbamos a padecer una crisis como la presente. Ha tocado arremangarnos, echarle valor y trabajar para salir de esta. Es lo que toca, la prioridad, sin tiempo que perder. Debiera ocuparnos a todos, trabajando, mano con mano, en apoyo a los más desfavorecidos y en pro de la recuperación económica.

Sin embargo, llega un día en el que te hartas de verte sometido al continuo “pim, pam, pum” de quien confunde el ejercicio de la oposición con la refriega permanente, como es el caso de la socialista Patricia Hernández. El tiempo ha demostrado sus enormes carencias en principios básicos de la política, como capacidad de diálogo, voluntad de conciliación, manejo de la mesura, tendencia a la empatía… Nada de eso distingue a la ex alcaldesa, que, por el contrario, nunca ha disimulado su tendencia al desencuentro y la confrontación, dentro y fuera de su partido. Y así le ha ido y le va.

Lejos de preocuparme sus maneras –tiene todo el derecho a definir su estilo propio–, lo que sí me indigna de Hernández es su propensión a las inexactitudes, cuando no a las falsedades, cada vez que se refiere al Gobierno municipal y a Coalición Canaria. A falta de argumentos veraces para enjuiciar nuestra labor, tiende de manera permanente al embrollo y la patraña, tanto en medios como en redes. Sobre todo en éstas, donde chapotea con frecuencia.

Basta con releer sus manifestaciones contra la atención del Ayuntamiento a las pymes y autónomos del municipio en medio de la crisis, tratando de menospreciar cualquiera de las políticas que venimos aplicando a favor del comercio, la hostelería, la restauración, el ocio o la cultura. Medidas que hemos adoptado de manera consensuada, en contacto permanente con las organizaciones empresariales.

Acciones cifradas en casi un millar de ayudas directas a comerciantes. O los 9.000 Bonos Consumo vendidos hasta ahora, en colaboración con FAUCA, con una inversión aproximada de 375.000 euros y 800.000 euros de beneficios para el sector. O la bonificación del 50% de la tasa de basura, para mejorar la economía local, defender el tejido productivo y mantener el empleo. O la concesión de “terrazas express”, dando respuesta a los niveles 2 y 3 de la pandemia, que mantendremos en vigor mientras persistan las restricciones sanitarias.

Medidas todas, entre otras muchas, que contrastan con la ineficacia en la que se desenvolvió el gobierno de Patricia Hernández durante los primeros meses de la crisis del coronavirus. Aquel infausto periodo que transcurrió entre la incapacidad y la ocurrencia, haciendo oídos sordos a todas las propuestas que le trasladamos desde Coalición Canaria, en una actitud de mano tendida que ahora no se ha visto correspondida –como era de suponer– desde la bancada socialista. Todo lo contrario.

Lo peor del caso es que la inacción que distinguió el periodo de gobierno (mejor, desgobierno) del PSOE en el Consistorio santacrucero, con el apoyo de la concejala Zambudio y la colaboración necesaria de Unidas Podemos, encuentra su espejo en el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife. Si nos fijamos en la corporación insular, nos topamos con la peor gestión en décadas, sustentada en el sectarismo y la falta de liderazgo.

¿Un ejemplo? El desplome de la inversión pública en la Isla, que en el primer cuatrimestre del año no alcanza ni el 6% de lo presupuestado. ¿Otro? El abandono del Marco Estratégico de Desarrollo Insular (MEDI), dejando de invertir en los municipios, desde el año 2019, hasta 214 millones de euros. Todo ello, con más de 155.000 personas sin empleo y acogidas a un ERTE y el sector turístico, nuestro principal motor económico, pendiente de arrancar. Una vergüenza.

Lo apuntaba al principio y lo reitero ahora: no nos vamos a callar. Tanto en la defensa de nuestra labor de gobierno, frente a ataques infundados y falsedades, como en la denuncia de la ineficacia y el partidismo de quienes gestionan las administraciones autonómica e insular. Santa Cruz no puede consentir el menosprecio de esos gobernantes por diferencia de colores políticos. ¡Ya está bien!

Política al servicio del municipio

Corren tiempos difíciles. Desde el momento en que estalló la crisis del coronavirus, hace ya catorce meses, nada ha sido igual. Todo ha cambiado, en cualquier ámbito. El medio y largo plazo ha desaparecido de la visión colectiva. Más que nunca, vivimos al día, sin atrevernos a hacer planes con perspectiva. “Ya veremos”, decimos con frecuencia, en cuanto alguien trata de ir más allá.

La vocación por el ejercicio político nos exige huir de este cuadro. Obligados a trabajar en alternativas que ayuden a salir de esta situación, sobre todo por sus efectos socioeconómicos, nuestra actitud ha de ser otra. Y así lo hemos constatado esta semana, durante la asamblea en la que renovamos el Comité Local de Coalición Canaria en Santa Cruz de Tenerife.

Tomando el relevo de José Manuel Bermúdez, quien ha trabajado con denuedo al frente de este organismo durante los últimos 16 años, el nuevo equipo que me honro en encabezar tiene claro su compromiso: contribuir a la salida de la crisis desde la unidad, la ilusión y el empeño. Conscientes de que solo el esfuerzo colectivo nos permitirá superar la adversidad, siempre que nos apliquemos con la misma responsabilidad que lo ha hecho nuestro antecesor.

Además de agradecer la confianza obtenida por el grueso de la asamblea, debo resaltar también el consenso alcanzado entre todos sus miembros. Para ello resulta clave la pluralidad de opiniones y la representatividad territorial, con la presencia de compañeros y compañeras de los cinco distritos de Santa Cruz, teniendo en cuenta a más de 80 pueblos, barrios y caseríos del municipio.

Tenemos mucha tarea por delante y no perderemos ni un solo minuto de nuestro tiempo en peleítas partidistas, de cara a la galería. La responsabilidad de nuestra organización al frente del gobierno municipal obliga trabajar con ahínco para superar esta coyuntura adversa, por mucho que sepamos que la pésima gestión de los gobiernos de España y de Canarias, igual que del Cabido, complica las cosas en el ámbito local.

Para ello partimos de un planteamiento que obliga a la cercanía con las vecinas y vecinos de Santa Cruz en la gestión de políticas que ayuden a impulsar la recuperación; la firmeza en la exigencia de respuestas por parte de las citadas administraciones y la  eficacia en la interlocución, directa y permanente, con las organizaciones vecinales, sociales y económicas.

Coalición Canaria es una organización solvente en el conocimiento de la realidad municipal, arraigada en todos sus pueblos y barrios y fiable para encarar alternativas que ayuden a resolver las necesidades de los santacruceros. De aquellas familias que peor lo están pasando, como consecuencia del crecimiento del paro; de oenegés que lo están dando todo; de pymes y autónomos que aguantan la situación como héroes…

Mucha es la tarea por delante y poco el tiempo. Se requiere concreción en los objetivos y dedicación plena, al lado de nuestra gente. Contacto y escucha permanente con la ciudadanía y el tejido social, con perspectiva de futuro, regresando a la senda de progreso que distinguió a la ciudad y que llevó a que el pueblo de Santa Cruz reafirmase su confianza en Coalición Canaria en las últimas elecciones locales. 

Tejido cultural y carnavales

Más de ocho millones de euros destina el Ayuntamiento a ayudas sociales. Es la respuesta ante las dificultades que sufren muchas familias de Santa Cruz, como consecuencia de la crisis del coronavirus. Vecinos y vecinas que requieren apoyo para la compra de alimentos, el pago del alquiler o el abono de servicios básicos como la luz y el agua. Personas a las que no vamos a dejar en la estacada.

Tal nivel de protección no es algo coyuntural. Ya el pasado año, según recoge el portal estatal Presupuestos Municipales, el de nuestra ciudad fue el cuarto de España y el primero de Canarias en gastos para servicio y promoción social, entre las de más de 200.000 habitantes. Tan solo Barcelona, Bilbao y Madrid superan en este capítulo a Santa Cruz.

Con ser importante esta respuesta, no podemos quedarnos ahí. Aunque la creación de empleo no sea una competencia de los ayuntamientos, tampoco podemos cruzarnos de brazos. Como era de temer, el crecimiento del paro se ha disparado y nos aproximamos a las 30.000 personas sin empleo. En paralelo, aumentan las dificultades de muchísimos pequeños empresarios y autónomos para mantener la actividad.

En tanto los gobiernos de Canarias y de España siguen sin ponerse las pilas, ¿qué podemos hacer en esta situación desde un ayuntamiento? Desde luego, cualquier cosa menos esperar a que escampe la tormenta. Por ejemplo, como acabamos de hacer, con el impulso de una iniciativa como los “Bonos Consumo”, dotados con 375.000 euros y llamados a favorecer el comercio de proximidad.

Pero hay más. Sin ir más lejos, con todas las actividades emprendidas con motivo del Carnaval. Esa celebración virtual que estamos afrontado en estas semanas, en colaboración con los colectivos que hacen grandes nuestras Fiestas. Porque, más allá de lo testimonial, en tanto podamos volver a celebrarlo en la calle, su hábitat natural, estamos generando economía. Sobre todo, en el sector de la cultura.

Si no, que se lo pregunten a diseñadores, músicos, cantantes, bailarines, humoristas, actores, maquilladores, regidores, técnicos de iluminación y sonido, productoras… Profesionales y empresas de un tejido cultural que durante los últimos meses han visto decaer su actividad y con ello, sus recursos familiares. Personas que valoran y entienden la decisión adoptada por el Ayuntamiento como un estímulo de la economía.

Igual que deberían entenderlo quienes, solo un año atrás, mostraron su incapacidad e irresponsabilidad en la organización del Carnaval. Esos que ahora, sirviéndose de la demagogia, tratan de desprestigiar una manera de hacer que incluso emulan compañeros de su mismo partido en otros consistorios.

Así que la fórmula está clara: todo el apoyo social para quienes sufren la crisis de manera directa y todas las medidas que sean posibles para dinamizar la económica. Para evitar el cierre de empresas y la destrucción de empleo.

El Carnaval redobla su orgullo

Santa Cruz se apresta a vivir un Carnaval diferente. Prácticamente como todo lo que nos viene sucediendo desde hace diez meses. La aparición del coronavirus, tan inesperado como aciago, no nos deja otra que apretar los dientes y encarar la situación con esperanza y determinación. Lejos de cruzarnos de brazos, toca tirar de la imaginación y aplicarnos en la realización de todo aquello que sea posible y contribuya al bienestar colectivo.

Con la decisión de suspender las fiestas como manifestación popular (callejera, bulliciosa, tolerante, desenfrenada…), entendimos que había que encontrar, al mismo tiempo, una alternativa. Una manera de mantener la ilusión y el orgullo que supone el Carnaval para cualquier chicharrero, al tiempo que dejábamos abierta la puerta al instante en que sea posible su recuperación plena. Que llegará.

De la mano de las agrupaciones, ese colectivo numeroso que aglutina a más de 7.000 vecinos de Santa Cruz, nos pusimos manos a la obra. Decidimos armar una celebración que, sin dejar de atender todas las normas sanitarias para mantener a raya el coronavirus, nos permitiera decirle al mundo que nuestro Carnaval no para, sigue vivo.

La respuesta la tenemos en forma de una programación alternativa, convertida en homenaje a la historia de esta manifestación popular, con un enfoque virtual y un componente de apego. Entre todos vamos a conseguir que esta cita diferente sirva para renovar el orgullo de Santa Cruz de Tenerife por su Carnaval de siempre. El de nuestros abuelos, el de nuestros padres, el que se transmite de generación en generación. A los ojos de todo el mundo. El Carnaval de la esperanza.

Con todo, somos conscientes de que la suspensión conlleva un golpe -otro más- a la economía local. Por estudios realizados en los últimos, sabemos que el impacto económico del Carnaval ronda los 35 millones de euros. De ahí que en el Ayuntamiento también nos hayamos propuesto estar preparados para que, en cuanto sea posible, la dinamización callejera sirva de impulso a cuantos sectores se ven ahora perjudicados.

De acuerdo con el compromiso alcanzado con las gentes del Carnaval, todo el talento artístico, musical y creativo de nuestros diseñadores y agrupaciones queda a disposición de Santa Cruz para cuando llegue ese instante. Si algo ha caracterizado a Santa Cruz en los últimos años ha sido el dinamismo en sus calles y plazas, con un sinfín de citas para todos los públicos. Y esa naturaleza la vamos a recuperar más pronto que tarde, también de la mano de nuestro espíritu carnavalero.