Conciliar para relanzar

“Esta moción de censura es constitucional y es perfectamente legítima, como consecuencia del artículo 113 de la Constitución española. Esta es la democracia parlamentaria de la que nos hemos dotado como consecuencia de esa Constitución”.

La cita pertenece a Pedro Sánchez Pérez-Castejón, a la sazón presidente del Gobierno de España, y fue pronunciada desde la tribuna del Congreso de los Diputados, el 1 de junio de 2018, cuando el debate de la moción de censura al ejecutivo de Mariano Rajoy. Valió entonces para el PSOE y las fuerzas políticas que le respaldaron. Y vale ahora –cambiando artículo 113 de la Constitución por artículo 197 de la LOREG– para el cambio en el gobierno municipal Santa Cruz. Con idéntica legitimidad y muy a pesar de la todavía alcaldesa, Patricia Hernández, desbocada en los últimos días contra los firmantes de la iniciativa para su relevo.

La ínfima capacidad de encaje democrático exhibida por quien ha estado al frente del consistorio en los últimos 12 meses cuadra perfectamente con el perfil que se ha labrado –ella solita– durante su convulsa carrera política. Especialmente cuando le ha tocado desempeñar funciones de gobierno, en etapas tan concretas como breves. Episodios donde han aflorado sus nulas dotes para la convivencia y la entente, escenarios impropios para quien solo disfruta cuando se sumerge en la refriega y el embrollo. Incluso con sus propios compañeros de partido. Y así le va.

Con sus actos de esta última semana, desaforada en su resistencia a someterse a una censura tan legítima como fundamentada, ha venido a corroborar la necesidad del cambio. Porque Santa Cruz y su Ayuntamiento necesitan un alcalde y un equipo de gobierno capaces de conciliar. Unos gobernantes sensibles con la difícil situación que tenemos por delante, tanto por el año perdido –de indiscutible involución– como por la pasividad municipal en los tres meses largos del coronavirus. Se precisan gobernantes capaces de arremangarse en la tarea colectiva del relanzamiento de la ciudad. Y esa tarea ha de empezar con el diálogo con la ciudadanía y el tejido socioeconómico, los grandes olvidados durante el mandato de Patricia Hernández. Acabar con el “ordeno y mando” y el culto a la personalidad.

A partir del próximo día 13, fecha en que se producirá el necesario relevo en el Ayuntamiento, retomaremos el contacto que de manera virtual establecimos durante el estado alarma con representantes de decenas de colectivos vecinales, sociales, económicos, profesionales, deportivos o culturales. Necesitaban ser escuchados porque tenían mucho que decir acerca de sus problemas y su manera de ver la salida a esta situación. Tomamos nota y elevamos propuestas al gobierno municipal –como mejor pudimos, a tenor del encastillamiento al que se sometió la alcaldesa y su gobierno–, sin apenas éxito. Les pudo la cerrazón, una vez más.

Desde la participación, un principio que volverá a guiar el gobierno de Santa Cruz, trataremos de generar las condiciones que posibiliten el relanzamiento económico de la ciudad y la creación y el mantenimiento de puestos de trabajo. Igual que trabajaremos, desde el primer día, por adecuar los medios humanos y materiales necesarios para una atención social que ofrezca cobertura a las familias que puedan quedarse atrás, ante cualquier situación de desamparo.

Está claro que no podremos hacerlo solos, sino que vamos a requerir del apoyo de otras administraciones públicas, conforme a lo que le corresponde a Santa Cruz como capital de la isla y cocapital de Canarias. Con responsabilidad pero exigentes. Dispuestos plenamente a la conciliación.

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02.07.2020    /    0  comentarios    /