Empleo, turismo y charcos

Santa Cruz sigue creando empleo. La tendencia, que venimos apreciando desde febrero pasado, quedó patente en julio, cuando nuestro municipio participó de forma nítida en el alza experimentado en el conjunto del país. Se trata, qué duda cabe, de un elemento alentador, por lo que supone de acicate para muchas familias, que encuentran un alivio en su economía particular, después de un largo periodo de pesadumbre.

Con todo, seguimos lejos de las cifras que teníamos en julio de 2019, cuando el número de personas inscritas en el Servicio Canario de Empleo se cifraba en 21.420; esto es, 3.858 menos que en la actualidad. Y debemos tener presente que los datos de la Covid-19 están ahí, con una alta incertidumbre desde el punto de vista sanitario y lo que esto supone para la economía y el mercado laboral.

Desde el Ayuntamiento no cejamos en el empeño. Durante el último año, a partir del cambio del Gobierno municipal, venimos articulando acciones tendentes a incentivar la contratación y la generación de empleo, con un apoyo decidido a quien único puede hacerlo posible: el empresariado local y los autónomos. Por eso nos desespera la parsimonia del Gobierno de Canarias –igual que la incapacidad del Cabildo– en la puesta en marcha de iniciativas similares.

No hay que perder de vista que en Santa Cruz se firma cada mes una tercera parte de los contratos de trabajo generados en todo de Tenerife, lo que supone en torno a 9.000 expedientes mensuales. Con una menor dependencia del turismo que otros municipios, disfrutamos de una realidad comercial y laboral de capitalidad pujante, que tenemos que consolidar con el tiempo, con la vuelta a la normalidad. Todo sea por recuperar el empleo y la renta familiar.

En el Consistorio tenemos clara la agenda: políticas activas de empleo, dinamización comercial, con una apuesta clara por el impulso del emprendimiento, y atracción de turismo. La reactivación progresiva de los flujos de visitantes va a hacerse notar en Santa Cruz. Recuérdese que la excursión a esta ciudad es la segunda más demandada por quienes se alojan en la isla, después del Teide, y que nuestro puerto es el tercero de España en cruceros, con un movimiento anual de 800.000 turistas, aproximadamente. Su impacto económico resulta trascendental.

A poco que seamos capaces de combinar esta actividad con otras alternativas, siempre que vayamos alcanzando la tan deseada inmunidad de grupo, progresaremos en la línea deseada. Estoy convencido de ello. Pero necesitamos que las medidas arbitradas por otras administraciones sean tan generosas como certeras, acorde con el instante que vivimos.

No puede ser, por ejemplo, que el Cabildo de Tenerife, a estas alturas de año, solo haya ejecutado el 9,09% del presupuesto destinado al comercio. Su pasividad y falta de compromiso contrasta con la mayor movilización de recursos hecha por nuestro Ayuntamiento, en toda su historia, a favor del comercio y la restauración, un sector que concentra en Santa Cruz el 34% de su empleo en la isla.

Sucede igual con el planteamiento de medidas desenfocadas, al albur de la coyuntura presente, como la que anuncia el Gobierno de Canarias para turistificar más de un centenar de los charcos de marea existentes en nuestro litoral. La respuesta en ámbitos conservacionistas, vinculados con el mundo de la biodiversidad, ha sido inmediata y unánime, a la hora de advertir sobre los importantes riesgos para nuestros ecosistemas.

En definitiva, la diligencia, la destreza y el desprendimiento tienen que presidir la toma de decisiones, aunque sin caer en la precipitación. Nos jugamos la recuperación social y económica.

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06.09.2021    /    0  comentarios    /