Conciliar para relanzar

“Esta moción de censura es constitucional y es perfectamente legítima, como consecuencia del artículo 113 de la Constitución española. Esta es la democracia parlamentaria de la que nos hemos dotado como consecuencia de esa Constitución”.

La cita pertenece a Pedro Sánchez Pérez-Castejón, a la sazón presidente del Gobierno de España, y fue pronunciada desde la tribuna del Congreso de los Diputados, el 1 de junio de 2018, cuando el debate de la moción de censura al ejecutivo de Mariano Rajoy. Valió entonces para el PSOE y las fuerzas políticas que le respaldaron. Y vale ahora –cambiando artículo 113 de la Constitución por artículo 197 de la LOREG– para el cambio en el gobierno municipal Santa Cruz. Con idéntica legitimidad y muy a pesar de la todavía alcaldesa, Patricia Hernández, desbocada en los últimos días contra los firmantes de la iniciativa para su relevo.

La ínfima capacidad de encaje democrático exhibida por quien ha estado al frente del consistorio en los últimos 12 meses cuadra perfectamente con el perfil que se ha labrado –ella solita– durante su convulsa carrera política. Especialmente cuando le ha tocado desempeñar funciones de gobierno, en etapas tan concretas como breves. Episodios donde han aflorado sus nulas dotes para la convivencia y la entente, escenarios impropios para quien solo disfruta cuando se sumerge en la refriega y el embrollo. Incluso con sus propios compañeros de partido. Y así le va.

Con sus actos de esta última semana, desaforada en su resistencia a someterse a una censura tan legítima como fundamentada, ha venido a corroborar la necesidad del cambio. Porque Santa Cruz y su Ayuntamiento necesitan un alcalde y un equipo de gobierno capaces de conciliar. Unos gobernantes sensibles con la difícil situación que tenemos por delante, tanto por el año perdido –de indiscutible involución– como por la pasividad municipal en los tres meses largos del coronavirus. Se precisan gobernantes capaces de arremangarse en la tarea colectiva del relanzamiento de la ciudad. Y esa tarea ha de empezar con el diálogo con la ciudadanía y el tejido socioeconómico, los grandes olvidados durante el mandato de Patricia Hernández. Acabar con el “ordeno y mando” y el culto a la personalidad.

A partir del próximo día 13, fecha en que se producirá el necesario relevo en el Ayuntamiento, retomaremos el contacto que de manera virtual establecimos durante el estado alarma con representantes de decenas de colectivos vecinales, sociales, económicos, profesionales, deportivos o culturales. Necesitaban ser escuchados porque tenían mucho que decir acerca de sus problemas y su manera de ver la salida a esta situación. Tomamos nota y elevamos propuestas al gobierno municipal –como mejor pudimos, a tenor del encastillamiento al que se sometió la alcaldesa y su gobierno–, sin apenas éxito. Les pudo la cerrazón, una vez más.

Desde la participación, un principio que volverá a guiar el gobierno de Santa Cruz, trataremos de generar las condiciones que posibiliten el relanzamiento económico de la ciudad y la creación y el mantenimiento de puestos de trabajo. Igual que trabajaremos, desde el primer día, por adecuar los medios humanos y materiales necesarios para una atención social que ofrezca cobertura a las familias que puedan quedarse atrás, ante cualquier situación de desamparo.

Está claro que no podremos hacerlo solos, sino que vamos a requerir del apoyo de otras administraciones públicas, conforme a lo que le corresponde a Santa Cruz como capital de la isla y cocapital de Canarias. Con responsabilidad pero exigentes. Dispuestos plenamente a la conciliación.

Año I de Patricia Hernández: año de improvisaciones y ocurrencias

El 26 de mayo de 2019, más de 25.000 vecinos de Santa Cruz otorgaron a Coalición Canaria su apoyo como primera fuerza política en nuestra capital. La lista encabezada por José Manuel Bermúdez se impuso al resto de las formaciones que concurrieron a esta cita, en los cinco distritos del municipio, sumando 10 concejales, uno más que en la convocatoria anterior. Y lo hizo con casi 5.000 votos más que en 2015. Los datos evidenciaban el éxito de su gestión al frente de la Alcaldía, tras situar a la ciudad como referente a nivel autonómico y regional.

Sin embargo, apenas dos semanas después, fue Patricia Hernández quien tomó el bastón de mando en el consistorio, al fructificar aquel pacto contra natura establecido entre PSOE, Ciudadanos y Unidas Podemos. ¿Justificación? El “desalojo” (sic) de Coalición Canaria, la fuerza vencedora en las urnas. Ningún programa de gobierno alternativo, siquiera un folio con unos objetivos mínimos en forma de realizaciones para los pueblos y barrios del municipio. Nada que justificase, al menos para guardar las apariencias, una alianza de estas características. Recuérdese si no la carajera que se montó en las filas de Ciudadanos y la reciente dimisión de uno de sus dos ediles, tras comprobar que en ese pacto prevalecen los intereses partidistas sobre las verdaderas  preocupaciones de los vecinos.

Como no podía ser de otra manera, en Coalición Canaria asumimos la legitimidad de aquel acto, por más que no respondiese al interés general de la ciudad y sus vecinos. Pasamos a la oposición, donde hemos asumido, con idéntica ilusión, el compromiso de seguir trabajando por Santa Cruz, desde una vertiente plenamente constructiva. Y el mejor ejemplo lo tenemos en este nuevo periodo que nos ha tocado vivir, con la crisis sanitaria del coronavirus, tendiendo la mano al gobierno y presentando un  sinfín de propuestas para la necesaria recuperación económica y social del municipio.    

Respetamos que un sector de la ciudadanía celebrara en junio la posibilidad de que pudiera producirse un cierto cambio en la gestión de la ciudad. De la misma manera que comprendemos ahora la insatisfacción confesa de muchas de esas mismas personas, decepcionadas por el rumbo que ha tomado Santa Cruz en solo 12 meses.

Es lógico: no han visto nada positivo. Ningún proyecto alternativo de ciudad, ninguna idea de futuro con trazas de viabilidad, ninguna voluntad de arremangarse para trabajar… El municipio carga con las consecuencias del desgobierno al que Hernández ha llevado al Ayuntamiento. Una alcaldesa que no ha terminado de entender que la gestión municipal exige dedicación plena. Que no es una tarea a tiempo parcial, compartida con su condición de diputada en el Parlamento de Canarias y pendiente, por lo que hemos leído, de la pedrea de los nombramientos para el Gobierno regional.  

Ejercer la Alcaldía en una ciudad como Santa Cruz exige mucho más: capacidad de liderazgo, representatividad, dotes para trabajar en equipo, templanza, sobriedad… Obliga a ser humilde para escuchar, para dialogar con todos. Requiere cercanía y contacto permanente con los vecinos, que son quienes hacen grande la ciudad. Aconseja sacudirse la soberbia y el afán permanente por acaparar la atención, tratando de capitalizar para sí cualquier momento, sea el reparto de entradas para la visita de los Reyes Magos, la elección de la Reina del Carnaval, el paseo junto a una carroza musical en tiempos de confinamiento o la recuperación del dinero de Las Teresitas.

Pero lo peor de todo es que las consecuencias acaban por pagarlas los vecinos, que hoy contemplan cómo su ciudad ha perdido el tren del dinamismo, la prosperidad y la creación de empleo, al que se habían subido en el mandato anterior, con José Manuel Bermúdez de alcalde. Un consistorio que ha descuidado sus servicios públicos, que apenas licita nuevas obras (salvo algunas de las muchas que dejó en marcha el gobierno anterior) y que se muestra sumiso ante otras administraciones públicas. Es lo que tiene gobernar a golpe de improvisaciones y ocurrencias, el sello de identidad de esta alcaldesa en este año triste, perdido, preocupante… Un año de regresión.

Suma de TODOS (de verdad)

Los datos sobre desempleo dados a conocer esta semana por el Ministerio de Trabajo y Economía Social han venido a confirmar nuestros temores. La crisis del coronavirus sigue haciendo mella, de manera progresiva, en el mercado de trabajo, con las consecuencias sociales que supone para la economía de tantos hogares. En términos interanuales, su reflejo en Canarias se cifra en un incremento del 26,71 por ciento, lo que se traduce en la existencia de 55.033 personas más en paro que hace un año.

En el caso concreto de nuestra capital, nos situamos ante un escenario muy preocupante, con 25.153 personas sin empleo y una tasa de paro en torno al 26 por ciento. Mes a mes, Santa Cruz se aproxima por momentos a la situación sufrida hace cinco años, cuando comenzaron a remitir las consecuencias de la crisis anterior y, en paralelo, arrancamos una dinámica positiva de creación de empleo.

Además, no hay que perder de vista que este municipio lidera la bolsa de los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) en la provincia tinerfeña, con 21.853 personas afectadas por esta situación. Una cifra que apenas ha variado respecto al mes anterior. Y a medida que pasa el tiempo, va menguando el efecto de “colchón de seguridad” que ofrece esta herramienta, habida cuenta, precisamente, de su carácter eventual. Por lo tanto, los efectos de la desescalada no pasan de ser relativos mientras no se disipe la incertidumbre y pueda materializarse con la reapertura real de los negocios.

Ante esta situación, ¿qué podemos hacer desde las administraciones locales? ¿Qué respuesta puede ofrecer un Ayuntamiento como el de nuestra capital? El acuerdo institucional alcanzado la semana pasada por el Pleno –dos meses después de la anterior convocatoria, en medio de una inactividad injustificable– cabe considerarlo como un avance, aunque tardío e insuficiente, si tenemos en cuenta la cantidad de medidas desechadas entre las propuestas por José Manuel Bermúdez, más de un mes antes, en torno a un ‘Pacto por Santa Cruz’ mucho más ambicioso.

Sin embargo, no vamos a cejar en el empeño. De ninguna manera. El contacto permanente que mantenemos desde el grupo de CC-PNC con todo el tejido social de la ciudad, reforzado si cabe durante el estado de alarma, nos anima a seguir planteando acciones que ayuden a salir de esta difícil situación que nos está tocando sufrir. Iniciativas en las que participan organizaciones de todo tipo, más allá de las formaciones políticas, con un diagnóstico más real de la situación y una voluntad decidida de participación.

Santa Cruz necesita, de manera imperiosa, un gran Pacto por el Empleo. Nos va la vida en ello si queremos revertir de verdad (y pronto) los datos a los que me he referido. Un gran acuerdo para el que se requiere sentar en una misma mesa a todas las partes implicadas (empresarios, sindicatos entidades vecinales y del tercer sector…), con el compromiso de remar en la misma dirección. Una especie de “conjura” que ayude a la contratación empresarial, la obtención de recursos financieros para desarrollar políticas activas de empleo y la agilización administrativa para simplificar los procedimientos de contratación, especialmente en lo que toca a la inversión pública.

Y no vale que la respuesta de quienes gobiernan continúe siendo la misma: “Estamos trabajando en ello”. El carácter extraordinario de esta coyuntura obliga a salir de ese maldito bucle. De una vez por todas. Si a finales de 2011 conseguimos hacerlo en Santa Cruz, con la creación de una Comisión Anticrisis, por qué no ahora.

Urbanismo táctico y tacticismo político

La necesidad de responder localmente a los efectos de la crisis de la COVID-19 nos preocupa de manera creciente. A las medidas que se determinen en los ámbitos internacionales y estatales habrá que sumar -debiera estar haciéndose ya- otra serie de decisiones para nuestro entorno más inmediato. De toda índole.

En este sentido, durante los últimos días hemos venido hablando sobre la oportunidad de aplicar en nuestra ciudad, en una coyuntura como la presente, medidas relacionadas con el “urbanismo táctico”, a través de intervenciones a pequeña escala, con bajo coste y carácter temporal, que permitan sacarles más rendimiento a determinados espacios de la ciudad. Lejos de requerir grandes y costosas obras de transformación, nos situamos ante una herramienta ideal para este nuevo momento que nos ha tocado vivir.

Un ejemplo. En el pasado mandato aprobamos el proyecto para hacer semipeatonal la calle Imeldo Serís y reforzar sus atractivos, con un presupuesto superior a los dos millones de euros. Sin posibilidad de acometer ahora una inversión de tal envergadura, ¿podemos hacer algo en apoyo de vecinos y comerciantes de la zona? En la línea apuntada, podemos avanzar en el objetivo de hacerla semipeatonal con pequeñas acciones, como la colocación de maceteros y algunos otros elementos, suficientes para dinamizar su actividad y atraer a más personas.

Otro ejemplo, en otra zona distinta de Santa Cruz, como es la avenida de Los Majuelos, donde también existe un polo comercial. En este caso, consistiría en la reordenación del tráfico, durante un número determinado de meses, para favorecer el ejercicio físico y la práctica deportiva en una parte del paseo, lo cual redundaría en un mayor movimiento de personas en torno a los establecimientos de este lugar.

El contacto fluido y permanente que mantenemos con el tejido social de la ciudad, con vecinos, trabajadores, autónomos o pequeños y medianos empresarios, nos permite confrontar ideas de este tipo, enriqueciéndolas con sus pareceres. Lo comentaba estos días con empresarios de la avenida de Anaga: ¿tiene sentido que los fines de semana cerremos el tramo que va de Almeyda al túnel y lo convirtamos en un amplio polideportivo al aire libre? ¿Favorecería el movimiento de personas y tiraría del comercio y la restauración?

Podría seguir con más ejemplos, que venimos testando en los encuentros telemáticos emprendidos semanas atrás por José Manuel Bermúdez, durante todo el confinamiento, siempre dispuesto a escuchar las inquietudes y preocupaciones de nuestros vecinos.

Se trata de efectuar reflexiones de este tipo entorno a diferentes lugares del municipio, dada la dispersión poblacional y la diversidad de pueblos y barrios que caracteriza a Santa Cruz, para adaptarnos a la nueva realidad. Y una vía es el denominado “urbanismo táctico”, muy en boga en otras poblaciones del mundo, por cuanto facilita la reinterpretación de los usos asignados originalmente a muchos espacios de la ciudad.

Nos hallamos ante una situación diferente, que nos exige combinar la autoprotección y el cuidado de nuestra salud con la necesidad de reactivar la economía y favorecer el empleo, dentro de un marco presupuestario mucho más limitado que antes de la crisis. El éxito en la respuesta pasa por combinar imaginación, diálogo y determinación, tres cualidades que, por desgracia, no figuran en el manual de uso de la alcaldesa de Santa Cruz.

Muy al contrario, pasan las semanas y la parálisis se hace crónica en el Ayuntamiento capitalino, donde el grupo de gobierno mantiene su encierro, en minoría tras la renuncia de uno de sus concejales y temeroso de convocar una sesión plenaria en la que podamos hallar acuerdos amplios para enfrentar esta crisis sin precedentes. Un consenso que nos comprometa a todos, en la línea del Pacto por Santa Cruz propuesto en abril por nuestra formación política. Sin más escusas y alejado del tacticismo político.

Cercanía versus Aislamiento

Moncloa lo ha denominado Plan para la Transición hacia una Nueva Normalidad. La salida del confinamiento debía llevar un nombre -como casi todo en la vida- y mejor recurrir a los eufemismos. En su aplicación práctica, tras el ensayo 0, la llave para atravesar la puerta y volver a la calle no es una, sino varias, en forma de fases. Así que desde este lunes estamos con la primera. ¿Un balance inicial en Santa Cruz? Decepcionante. Me gustaría recurrir a otro calificativo, pero dejaría de manifestarme con honestidad.

Ni las medidas económicas apuntadas en el plan estatal ni las acciones implementadas por el Ayuntamiento (mucho menos) están respondiendo a las expectativas. Basta con darse una vuelta por sus diferentes distritos y barrios y charlar con empresarios, autónomos y vecinos para comprobarlo. Una cosa es recuperar la calle para pasear o hacer deporte y otra, muy diferente, reactivar la economía local.

No hay que perder de vista que la desescalada requiere cautelas, que en modo alguno han desaparecido los riesgos y que todos hemos de aplicarnos en el cumplimiento de una serie de normas de autoprotección. Pero, en paralelo, para evitar que la crisis económica acabe por devorarnos como un tsunami, necesitamos otra manera de hacer las cosas desde las administraciones. En este caso, la local: desde el Ayuntamiento.

No puede ser que el Consistorio santacrucero fíe toda su actuación al diseño de un paquete, más o menos mayor, de ayudas puntuales. Y menos aún si su reparto se gestiona a cuentagotas. La consecuencia de cada día que pasa sin medidas ágiles y certeras se paga con el cierre de un negocio y la pérdida de puestos de trabajos. Ni más ni menos. A ver si la alcaldesa, de una vez por todas, toma conciencia de esta realidad.

Otro rasgo para tener en cuenta es el carácter asimétrico de las decisiones a adoptar: a realidades distintas, decisiones diferentes. El Ayuntamiento tiene que repensar los espacios de Santa Cruz, que es un territorio diverso, con sus peculiaridades geográficas, poblacionales, económicas y urbanísticas, para desarrollar actuaciones adaptadas a sus necesidades.

En el comercio, la hostelería y la restauración hallamos un ejemplo. Sobre todo, contando con que la pequeña economía de barrio será estratégica en estos meses que están por venir. Si no queremos convertir las calles de nuestra ciudad, de sus pueblos y barrios, en solares con negocios que no terminaron de levantar sus persianas.

Desde el grupo municipal de CC-PNC, la formación con más apoyo popular en las últimas elecciones, seguimos tendiendo la mano al gobierno multicolor de Patricia Hernández para participar en la recuperación de Santa Cruz. Llevamos más de 50 días proclamando esta voluntad, aportando propuestas, reuniéndonos con todos los sectores vecinales, sociales, económicos, empresariales… Pero desde el Consistorio se nos responda con evasivas que rayan el desprecio. Impropio de quienes presumieron de talante.

Aún así, no vamos a decaer. Más bien, todo lo contrario. Del contacto intenso y permanente con nuestra gente extraemos una ilusión que nos retroalimenta. Por ejemplo: igual que antaño trabamos relación con tantos pequeños emprendedores de nuestra ciudad (el de la frutería de la esquina, el del bar de arriba, la de la tienda de dos calles más abajo…), estos últimos días hemos reforzado esa proximidad, con algunos de ellos, por la vía digital. Atendiendo su oferta alternativa y escuchando sus necesidades para salir adelante.

Santa Cruz es cercana y amable, porque así son nuestras gentes. Santa Cruz es diversa y popular, porque se traza desde casi un centenar de barrios. Santa Cruz es dialogante y solidaria, sobre todo en tiempos de adversidad, como el momento presente. Y todo esto parece no querer entenderlo quienes se aíslan en el castillo consistorial de la soberbia. Muy a su pesar, saldremos adelante.

MENOS política y MÁS Santa Cruz

A nadie se le escapa que vivimos un momento único. Como tampoco que al dolor por las pérdidas humanas hay que sumar una preocupación creciente, con el paso de los días, por el largo letargo de la economía y de un estado de necesidad sin precedentes. Son situaciones innegables.

Santa Cruz suma ya 24.939 parados, su peor cifra en materia de desempleo desde 2007. Sin apenas darnos cuenta, en nada de tiempo, nos dirigimos al peor registro de toda la secuencia histórica de nuestra capital. Y sucede igual con el número de contratos firmados en abril, que se situó en apenas 2.411, lo que supone otro dato negativo sin precedentes.

Sin duda, la situación nos obliga a ser mejores y más tenaces, además de trabajar juntos para superar esta terrible coyuntura. A centrarnos en una tarea colectiva y apostar de manera decidida por la supervivencia de Canarias. Porque nuestras PYMES y su gente se merecen que demos el 120% y solo es posible #entreTODOS.

Tratamos de huir de las críticas en este tipo de situaciones, pero reconozco que cada vez nos cuesta más. Sentimos que con este Gobierno municipal todo será mucho más difícil. La alcaldesa y su grupo acumulan 50 días aislados, salvo para seguir a la carroza musical por calles del municipio. Mes y medio escondidos, soltando de vez en cuando alguna ocurrencia, pero sin ponerse en lo que realmente toca: adoptar medidas serias y estructurales para hacer frente a esta crisis, en contacto con todos los sectores (vecinales, sociales, económicos, políticos…)

Hemos mostrado, desde el primer momento, mano tendida para participar en esa tarea colectiva. Hace un mes que presentamos una batería de propuestas de todo tipo. Pero la única respuesta que hemos recibido es la indiferencia, hasta que ahora, 50 días después, se nos llama, cuando entendemos que ya lo tienen todo decidido. Al menos, a la vista de su propaganda en los medios, con anuncios y más anuncios sin concretar.

El actual grupo gobernante en el Consistorio de Santa Cruz parece seguir el patrón implantado por La Moncloa: “Hoy sábado doy una rueda de prensa y mañana domingo convoco a los presidentes autonómicos para preguntarles qué les parece lo que anuncié ayer…”. Le han cogido gusto al estado de alarma y gobiernan a golpe de imposición. Aquí, en Santa Cruz, 50 días después, continúan sin convocar al Pleno municipal. La alcaldesa ya no sabe a qué agarrarse con tal de no celebrar un encuentro con todos los representantes del pueblo chicharrero. ¡Y NO SON LAS FORMAS!

 

Avances de capital importancia

La semana pasada quedará marcada en la historia de Canarias como una de las más trascendentes de las últimas décadas. La aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía y del denominado REF económico constituyen hitos fundamentales para todos los canarios. No en vano, hemos podido blindar para los años venideros un ‘corpus’ normativo en el que habrá de encajar nuestro pleno desarrollo como pueblo.

Un acervo que debemos entender como la suma de aspectos identificativos o culturales con otros de carácter económico y fiscal, que han determinado y condicionado históricamente al Archipiélago.

Con el nuevo Estatuto y con el nuevo REF económico (los aspectos fiscales fueron aprobados hace ya algunos años) Canarias da un salto cualitativo de enorme importancia que consolida y refuerza su singularidad dentro del Estado, una singularidad secular que arrastra desde el mismo momento de la Conquista.

Y aunque pareciera que ambos documentos están alejados del día a día de todos cuantos vivimos en Canarias, su entrada en vigor tendrá una repercusión directa en aspectos de lo más cotidiano.

Porque cotidiano es pagar un billete aéreo o marítimo, abonar las facturas de la luz o hacer la compra. Con el nuevo REF económico, por ejemplo, se garantiza -más allá de la voluntad política de turno- el mantenimiento de las justas compensaciones por la insularidad, lejanía y fragmentación del territorio. Compensaciones que afectan al transporte de personas o mercancías, a los costes de la electricidad o a la desalación de agua, entre otras muchas.

Además, se garantizan medidas para la formación profesional, se recupera el Plan Integral de Empleo o se fomenta la competitividad de las empresas.

Se trata de un conjunto de medidas que ya están “amarradas” y que beneficiarán a los ciudadanos a título particular, pero también a aquellas entidades territoriales de referencia en el Archipiélago. Me refiero, en concreto, a Santa Cruz de Tenerife, que dispondrá de nuevos atractivos para consolidar su liderazgo como capital insular y como co-capital de la Comunidad Autónoma

El creciente dinamismo económico de nuestra ciudad a nivel laboral y en creación de empresas, puede encontrar -si las cosas a nivel nacional no se tuercen- un pilar fundamental.

Santa Cruz, que ya concentra casi un tercio de los contratos que se formalizan en Tenerife y muestra un vigor inaudito en sus principales sectores de actividad, tiene una gran oportunidad de afianzarse como el centro neurálgico del empleo y de los negocios, además de apuntalar su condición de centro administrativo y de servicios.

Las posibilidades que se nos abren con el nuevo Estatuto y con el REF económico, unidos a las ventajosas condiciones fiscales de las que ya disfrutamos, nos colocan en una posición de partida magnífica para afrontar los retos que se avizoran en el camino y que pasan, en esencia, por un mayor progreso económico y social; es decir, por la mejora de las condiciones de vida de todos los chicharreros.

La ilusión y la confianza también generan empleo

La recuperación económica de Santa Cruz es un hecho; como un hecho es que esa recuperación está llegando poco a poco a más gente; al bolsillo de los ciudadanos y a los balances de nuestras empresas. El número de contrataciones, la reducción del paro registrado, la apertura de nuevas empresas, el tirón del consumo y la renovada pujanza del sector comercial o la creciente llegada de turistas y visitantes, nos sitúan en un escenario muy diferente al de hace unos años.

Esos datos son importantes en sí mismos, pero también como termómetro para medir la ilusión de nuestra gente y como factor decisivo para la confianza empresarial.

Porque más allá de los números y las cifras macroeconómicas, el estado de ánimo de una sociedad es de capital importancia para su desarrollo económico. La ilusión y la confianza también son elementos generadores de economía, de buena economía.

De ahí que desde el Ayuntamiento estemos trabajando desde hace mucho tiempo en crear las condiciones adecuadas para canalizar esa confianza empresarial hacia la generación de puestos de trabajo. Cuanta más confianza haya en el empresariado a medio y largo plazo, más posibilidades habrá de mejorar la calidad del empleo que se crea.

En Santa Cruz, al igual que en el resto de Canarias y del territorio español, el nivel de temporalidad de los contratos es muy elevado en comparación con aquellos de carácter indefinido. Por eso resulta fundamental que trabajemos con las herramientas que tenemos a nuestro alcance. Dado que las competencias municipales en materia de legislación laboral son inexistentes, debemos poner el foco en aquellos asuntos en los que sí podemos actuar.

Desde esa perspectiva, estamos siendo audaces en la captación de recursos económicos destinados a la formación, por un lado, y en la generación de un clima de confianza empresarial –apoyando las actividades productivas con medidas de carácter fiscal o de dinamización- para que esa recuperación llegue a todos los vecinos de Santa Cruz.

Porque ahora que las cosas marchan bien no podemos dejar a nadie orillado en el desempleo o, directamente, en la exclusión social. La salida definitiva de la crisis será total y para todos, o directamente no será.

Desde el Ayuntamiento seguiremos profundizando en todas esas medidas, que están dando muy buenos resultados, sin dejar volver la vista a quienes demandan aún hoy en día un trabajo: un buen, digno y estable puesto de trabajo.

Ese es el reto.

Avancemos juntos en la diversificación económica

Santa Cruz conserva en sus calles el aroma a la tradición y la vitalidad de una ciudad moderna que apuesta por un futuro basado en el trabajo conjunto y la generación de oportunidades, utilizando su condición atlántica como dinamizador decidido; el sabor de una ciudad de más de 500 años de historia, el legado de decenas de generaciones de chicharreros y chicharreras procedentes de muy diversos puntos que han enriquecido social y culturalmente este pequeño rincón del Atlántico Medio.

Y casi desde su fundación, Santa Cruz y Canarias, cuentan con herramientas propias, específicas, que han moldeado con el paso de los siglos un acervo económico y fiscal singular que a día de hoy nos siguen otorgando ventajas competitivas únicas en Europa. Esa historia, que arranca en el siglo XV cuando los Reyes Católicos otorgaron a las Islas un régimen de franquicia, continuó con el decreto de Puertos Francos de Bravo Murillo en 1852 y se ha consolidado más tarde con el Régimen Económico y Fiscal al que se han ido sumando herramientas como la Zona Franca, la Zona ZEC y nuevas infraestructuras que nos ayudan a estar más y mejor conectados física y digitalmente.

La ciudad floreció con el devenir de los años en la misma medida que lo hizo su puerto, nudo de intercambio de mercancías, personas, ideas e influencias. Ese puerto que nos permitió ser capital y que todavía hoy sigue aportando muchísimo, como esta misma semana con el MSC Karlskrona (81.488 toneladas) nos hacía batir el récord de contenedores en tránsito en la instalación con un número de 4.000.

Nuestras peculiaridades, nacidas de las necesidades de un territorio insular, alejado y fragmentado territorialmente, han definido una forma de ser, una forma de estar ante el mundo muy singular, con voluntad de ciudad abierta, acogedora, ciudad de servicios y carácter afable.

De todas las manifestaciones de la actividad económica, Santa Cruz se hizo fuerte en el comercio, en lógica con la pujanza de su puerto y también de su posterior condición capitalina y centro administrativo y de servicios. En los últimos años cada vez más se ha ido apostando por convertirnos en la capital turística de una isla turística y, sin duda, la bonanza económica a nivel global nos ha permitido avanzar de manera decidida en esta realidad como en el año 2017, con más de 2,2 millones de visitantes y cifras récord en empleo e ingresos en el sector en la ciudad.

Pero a día de hoy, estamos en disposición de afrontar un nuevo y definitivo cambio de modelo económico, sin que esto signifique arrinconar nuestras fortalezas tradicionales. Debemos explorar, y así lo estamos haciendo, nuevas oportunidades para convertirnos en un polo de desarrollo de industrias y actividades asociadas a la innovación, al desarrollo o las Tecnologías de la Información y la Comunicación. 

Tenemos las herramientas precisas para ello, tanto desde el punto de vista de las infraestructuras y espacios físicos, como el fiscal o tributario. En ese sentido, la zona portuaria de la capital está llamada a convertirse en un polo dinamizador de nuestra economía, gracias a la Zona Franca y a la Zona Especial Canaria (ZEC). Además, el Ayuntamiento, junto a otras administraciones como el Cabildo Insular, está desarrollando un conjunto de acciones para impulsar el despliegue de esta industria del conocimiento. Especialmente apoyada en el eje de trabajo ‘Tenerife 2030’ que de manera decidida el presidente Carlos Alonso impulsa desde la corporación insular.

El Parque Tecnológico de Cuevas Blancas, que contribuirá decisivamente a ese objetivo y permitirá, además, crear 3.000 puestos de trabajo, es una de ellas. También abriremos un centro para el desarrollo de los deportes electrónicos en un edificio de titularidad municipal, en el margen del barranco de Santos, y estamos apoyando iniciativas privadas que entroncan con ese mismo espíritu. La recién inaugurada Factoría de Innovación es un buen ejemplo. Por último, Tecnológica Santa Cruz en su cita anual apunta a un triple objetivo alineado con estas políticas: sensibilizar a emprendedoras y emprendedores en la transformación digital -en sentido amplio- de sus proyectos; animar a la creación de empresas de base tecnológica con el mayor acierto en la supervivencia posible y ser punto de encuentro de oferta y demanda, de lo público y lo privado, de las sinergias colaborativas y es en su networking, que da cierre al evento, donde confluyen esa nueva generación de oportunidades.

Creemos justamente que la colaboración público-privada resulta fundamental para avanzar en la diversificación económica de una ciudad que aspira a compaginar de manera armónica todas sus fortalezas. Comercio, turismo, industria e innovación habrán de darse la mano para componer una oferta que no solo sea atractiva para los inversores, sino que permita una creación de empleo estable y de calidad.

Ese es el reto, ilusionante, que tenemos por delante y en el que no cejaremos. Porque nos mueve una sola pero poderosa razón: la mejora de la calidad de vida de todos los vecinos y la construcción de una ciudad cada día más próspera y dinámica.

Una isla capaz en una capital pujante

fonso Cabello, Carlos Alonso. Coalicion Canaria, Tenerife

Hace unas semanas, los compañeros de Coalición Canaria aprobamos la candidatura de Carlos Alonso a la Presidencia del Cabildo de Tenerife en las elecciones de 2019.

Se trata de una decisión lógica, inteligente y, sobre todo, coherente. Coherente con el trabajo desarrollado por Carlos en una institución señera, que históricamente ha abanderado el progreso y el desarrollo socioeconómico de la Isla.

Tenerife necesita personas de la capacidad, preparación y visión de Carlos Alonso y José Bermúdez.

El Cabildo, en ese sentido, ha sido en las últimas décadas –precisamente bajo la presidencia de compañeros de Coalición como el recordado Adán Martín o Ricardo Melchior- una administración que se ha caracterizado por su faceta planificadora.

En la política conviene no improvisar y, aunque los resultados visibles de esa política de planificación no se ven en el corto plazo, es la mejor manera de encarar el futuro.

Alonso, junto al resto de los compañeros del Cabildo, ha impulsado el proyecto Tenerife 2030, un programa que entronca perfectamente con ese espíritu de planificación y que pretende, en última instancia, preparar a Tenerife y los tinerfeños para los retos de una sociedad en continua transformación, cada vez más exigente, cada vez más competitiva.

Ese proyecto, del que me confieso absolutamente partidario, precisa de un compromiso colectivo y del apoyo firme de otras administraciones. Ni que decir tiene que el Ayuntamiento de Santa Cruz seguirá colaborando, si los ciudadanos nos otorgan su confianza en la próxima convocatoria electoral,  con el Cabildo para el cumplimiento de sus objetivos.

Porque entendemos que ese Tenerife del futuro no será posible –o estará incompleto- sin la participación decidida de Santa Cruz y de sus ciudadanos en ese nuevo escenario.

Ese Tenerife capaz y talentoso lo será también por el concurso de los vecinos y de los sectores productivos de su capital, que están llamados a protagonizar esa profunda transformación que se persigue.

Santa Cruz ha consolidado –o recuperado- en los últimos años su papel como centro locomotor de la economía de la Isla: de los negocios y el empleo. Estamos, pues, en condiciones de liderar ese salto e inyectar más formación, más emprendimiento, más cultura, más progreso, al conjunto de la Isla.

El reto es tan ambicioso como apasionante. Y estoy convencido de que contando con las personas adecuadas para hacer realidad esa aspiración colectiva, como Carlos Alonso y José Bermúdez, las cosas serán más fáciles.

fonso Cabello, Carlos Alonso. Coalicion Canaria, Tenerife