Tejido cultural y carnavales

Más de ocho millones de euros destina el Ayuntamiento a ayudas sociales. Es la respuesta ante las dificultades que sufren muchas familias de Santa Cruz, como consecuencia de la crisis del coronavirus. Vecinos y vecinas que requieren apoyo para la compra de alimentos, el pago del alquiler o el abono de servicios básicos como la luz y el agua. Personas a las que no vamos a dejar en la estacada.

Tal nivel de protección no es algo coyuntural. Ya el pasado año, según recoge el portal estatal Presupuestos Municipales, el de nuestra ciudad fue el cuarto de España y el primero de Canarias en gastos para servicio y promoción social, entre las de más de 200.000 habitantes. Tan solo Barcelona, Bilbao y Madrid superan en este capítulo a Santa Cruz.

Con ser importante esta respuesta, no podemos quedarnos ahí. Aunque la creación de empleo no sea una competencia de los ayuntamientos, tampoco podemos cruzarnos de brazos. Como era de temer, el crecimiento del paro se ha disparado y nos aproximamos a las 30.000 personas sin empleo. En paralelo, aumentan las dificultades de muchísimos pequeños empresarios y autónomos para mantener la actividad.

En tanto los gobiernos de Canarias y de España siguen sin ponerse las pilas, ¿qué podemos hacer en esta situación desde un ayuntamiento? Desde luego, cualquier cosa menos esperar a que escampe la tormenta. Por ejemplo, como acabamos de hacer, con el impulso de una iniciativa como los “Bonos Consumo”, dotados con 375.000 euros y llamados a favorecer el comercio de proximidad.

Pero hay más. Sin ir más lejos, con todas las actividades emprendidas con motivo del Carnaval. Esa celebración virtual que estamos afrontado en estas semanas, en colaboración con los colectivos que hacen grandes nuestras Fiestas. Porque, más allá de lo testimonial, en tanto podamos volver a celebrarlo en la calle, su hábitat natural, estamos generando economía. Sobre todo, en el sector de la cultura.

Si no, que se lo pregunten a diseñadores, músicos, cantantes, bailarines, humoristas, actores, maquilladores, regidores, técnicos de iluminación y sonido, productoras… Profesionales y empresas de un tejido cultural que durante los últimos meses han visto decaer su actividad y con ello, sus recursos familiares. Personas que valoran y entienden la decisión adoptada por el Ayuntamiento como un estímulo de la economía.

Igual que deberían entenderlo quienes, solo un año atrás, mostraron su incapacidad e irresponsabilidad en la organización del Carnaval. Esos que ahora, sirviéndose de la demagogia, tratan de desprestigiar una manera de hacer que incluso emulan compañeros de su mismo partido en otros consistorios.

Así que la fórmula está clara: todo el apoyo social para quienes sufren la crisis de manera directa y todas las medidas que sean posibles para dinamizar la económica. Para evitar el cierre de empresas y la destrucción de empleo.

El Carnaval redobla su orgullo

Santa Cruz se apresta a vivir un Carnaval diferente. Prácticamente como todo lo que nos viene sucediendo desde hace diez meses. La aparición del coronavirus, tan inesperado como aciago, no nos deja otra que apretar los dientes y encarar la situación con esperanza y determinación. Lejos de cruzarnos de brazos, toca tirar de la imaginación y aplicarnos en la realización de todo aquello que sea posible y contribuya al bienestar colectivo.

Con la decisión de suspender las fiestas como manifestación popular (callejera, bulliciosa, tolerante, desenfrenada…), entendimos que había que encontrar, al mismo tiempo, una alternativa. Una manera de mantener la ilusión y el orgullo que supone el Carnaval para cualquier chicharrero, al tiempo que dejábamos abierta la puerta al instante en que sea posible su recuperación plena. Que llegará.

De la mano de las agrupaciones, ese colectivo numeroso que aglutina a más de 7.000 vecinos de Santa Cruz, nos pusimos manos a la obra. Decidimos armar una celebración que, sin dejar de atender todas las normas sanitarias para mantener a raya el coronavirus, nos permitiera decirle al mundo que nuestro Carnaval no para, sigue vivo.

La respuesta la tenemos en forma de una programación alternativa, convertida en homenaje a la historia de esta manifestación popular, con un enfoque virtual y un componente de apego. Entre todos vamos a conseguir que esta cita diferente sirva para renovar el orgullo de Santa Cruz de Tenerife por su Carnaval de siempre. El de nuestros abuelos, el de nuestros padres, el que se transmite de generación en generación. A los ojos de todo el mundo. El Carnaval de la esperanza.

Con todo, somos conscientes de que la suspensión conlleva un golpe -otro más- a la economía local. Por estudios realizados en los últimos, sabemos que el impacto económico del Carnaval ronda los 35 millones de euros. De ahí que en el Ayuntamiento también nos hayamos propuesto estar preparados para que, en cuanto sea posible, la dinamización callejera sirva de impulso a cuantos sectores se ven ahora perjudicados.

De acuerdo con el compromiso alcanzado con las gentes del Carnaval, todo el talento artístico, musical y creativo de nuestros diseñadores y agrupaciones queda a disposición de Santa Cruz para cuando llegue ese instante. Si algo ha caracterizado a Santa Cruz en los últimos años ha sido el dinamismo en sus calles y plazas, con un sinfín de citas para todos los públicos. Y esa naturaleza la vamos a recuperar más pronto que tarde, también de la mano de nuestro espíritu carnavalero.