Las Islas, por delante de las siglas (A mí tampoco me gusta Pedro Sánchez)

A mí tampoco me gusta Pedro Sánchez. No me gusta su forma de entender la política ni de aferrarse al poder. No me gusta su todo vale. No me gustan sus apaños con los independentistas catalanes y vascos. Ni el desafío a la convivencia que supone su interesado pulso a la igualdad de los ciudadanos, la cohesión del territorio y la independencia de las instituciones del Estado. No me gusta. Y creo que a la mayoría de los afiliados, simpatizantes y votantes de Coalición Canaria, tampoco les gusta.

Quizás por eso hay quienes no alcanzan a entender el pacto de Legislatura que acabamos de firmar en Madrid con el Partido Socialista. Las reticencias son comprensibles, dada la preocupación y alarma que despiertan en la sociedad algunas propuestas acordadas por Sánchez con Bildu, Esquerra y Junts, como la Ley de Amnistía. Vaya por delante nuestra rotunda oposición.

De hecho, la amnistía no forma parte del acuerdo alcanzado por Coalición Canaria con los socialistas. La amnistía no contará con nuestro voto. Y mucho menos cuando se plantea fuera de los márgenes de la Constitución, al dictado de un prófugo de la justicia como es Puigdemont, decidido a liquidar los principios de igualdad y solidaridad territorial que inspiran nuestro modelo social y democrático de derecho.

Sinceramente, creo que Pedro Sánchez ha traspasado demasiadas líneas rojas para forzar su investidura. Y parece claro que gran parte de la ciudadanía canaria y española así lo ve. Incluso algunos históricos miembros de su partido también lo ven así. Pero lo cierto es que el pasado jueves 9 de noviembre el presidente en funciones ya había conseguido conformar en el Congreso de los Diputados la holgada mayoría absoluta que no obtuvo en las urnas: 178 votos favorables, dos más de los necesarios.

Por mucho que nos disguste -tanto el método como el resultado-, ante esta innegable realidad de un Estado español paralizado y polarizado hasta el extremo, los nacionalistas canarios solo teníamos dos opciones: proteger nuestras siglas o pensar en las Islas, mantenernos cómodamente al margen o apostar por nuestra tierra.

Y honestamente, aunque pueda parecer lo contario, creo que hemos acertado alcanzando un acuerdo para Canarias.

En primer lugar, porque hemos evitado que nuestro Archipiélago sea ninguneado, marginado y perjudicado por unos acuerdos alcanzados fuera de nuestras fronteras, y que se han concebido para favorecer con descaro a otros territorios y a otros intereses.

Y en segundo lugar, porque hemos logrado arrancar del próximo Gobierno de España el compromiso con la agenda canaria, que precisamente es para lo que nos votaron el pasado 23 de julio en las Islas.

El acuerdo de Legislatura alcanzado por Coalición Canaria en Madrid es hoy por hoy la única herramienta capaz de evitar el estrangulamiento de las vías de financiación de nuestra comunidad autónoma, la única opción viable para combatir la ralentización en el desarrollo de nuestro bienestar e infraestructuras. No hay más.

En la peor de las situaciones, en medio de la crispación y el desencuentro, hemos sido capaces de actuar con inteligencia y frialdad, para anteponer como siempre los intereses de nuestra tierra y de nuestra gente. Y no es poco lo que hemos logrado. Más bien al revés.

A cambio de un solo voto, matemáticamente prescindible, conseguimos blindar los asuntos estratégicos de Canarias, como el respeto a nuestro singular fuero fiscal y económico; la mejora de la financiación autonómica de los servicios esenciales atendiendo a criterios de lejanía, ultraperiferia y baja renta; la recuperación y ampliación de los convenios de obras hidráulicas, viviendas, carreteras, costas, infraestructuras educativas y turísticas; o la prolongación del Plan Integral de Empleo y el Programa Especial de FP, mientras la empleabilidad en las Islas no alcance la media del Estado español.

Sin ser necesarios para la gobernabilidad de Sánchez, hemos conseguido para Canarias medidas tangibles que tienen impacto inmediato en el día a día de nuestra gente en las Islas, como la inmediata transferencia de las partidas acordadas en los Presupuestos Generales del Estado para el presente ejercicio, la gratuidad de las guaguas y el tranvía sin fecha límite, la ampliación de la bonificación del 60% en el IRPF por la erupción volcánica de La Palma hasta 2027, o el blindaje del 75% de descuento de residente en viajes.

Un acuerdo histórico por el volumen y trascendencia de los beneficios conseguidos para Canarias, cuya valoración inicial supera los 1.100 millones de euros anuales, y que incluye aspectos decisivos para reorientar la política migratoria, la atención a los menores no acompañados o las complejas relaciones con el Reino de Marruecos.

Dijimos que pondríamos a Canarias por delante de todo, incluso de nuestros legítimos intereses electorales como partido político. Y dijimos que haríamos valer el voto de Canarias en Madrid. Eso es exactamente lo que hemos hecho.

Habrá quien pueda pensar que el acuerdo con los socialistas perjudica a Coalición, y desde luego es algo opinable. Lo que resulta indiscutible es que el acuerdo beneficia a Canarias. Y mucho.

Por eso lleva nuestra firma. Siempre pondremos a las Islas por delante de las siglas.

Alfonso Cabello

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

13.11.2023    /    0  comentarios    /